All In by Billie Jean King revisión – juego, set y partido | Libros deportivos y de ocio

Billie Jean King aprendió desde el comienzo que, como una chavala que sobresalía en los deportes, no siempre y en toda circunstancia sería tratada de forma justa. Estaba la profesora de escuela primaria que la había señalado por utilizar sus «habilidades superiores» a lo largo del recreo, y el oficial de tenis que la sacó, de diez años, de una fotografía de jugadores en un campeonato en California pues vestía pantalones cortos en sitio de una falda. . .

King a ensuite observé des adolescents de premier plan recevant des repas gratuits à la cantine du club de tennis de Los Angeles où elle s’entraînait, tandis qu’elle et sa mère devaient manger la nourriture qu’ils avaient apportée de la maison à l ‘exterior. Después, como jugadora que compite en el escenario internacional, va a ver a los contendientes masculinos ganar hasta 8 veces el premio en efectivo de sus contrapartes femeninas. «Incluso si no eres un activista nato», escribe, «la vida puede transformarte en uno».

Las memorias de King, escritas con la cronista deportiva Johnette Howard y la escritora Maryanne Vollers, son un relato vivaz y detallado de su ascenso a la grandiosidad atlética y sus luchas por conseguir la igualdad de trato para las mujeres en un deporte sorprendentemente discriminatorio. Ella revela de qué manera, a principios de la década de mil novecientos setenta, allanó el camino para las jugadoras al liderar el movimiento separatista para la primera vira de tenis profesional únicamente femenina, a pesares de las amenazas de que pondría fin a su carrera. Muchos jugadores masculinos, incluido Stan Smith, denunciaron los sacrificios de King; El jugador australiano Fred Stolle le dijo: «Nadie desea abonar por verte jugar a los pájaros». Pero King no se desalentó y convenció a otras 8, incluidas Rosemary Casals y Nancy Richey, de que se anotaran en lo que se transformaría en el Virginia Slims Circuit por un billete de un dólar simbólico. Se les llamó «Original nueve» y su organización se transformó en la base para la capacitación de la Asociación de Tenis Femenino 3 años después.

King con el trofeo de Wimbledon después de su victoria sobre PF Jones en julio de 1967.King con el trofeo de Wimbledon después de su victoria sobre PF Jones en el mes de julio de mil novecientos sesenta y siete. Fotografía: Bettmann Archive

En mil novecientos setenta y uno, King, que había pasado una gran parte de la década de mil novecientos sesenta viviendo codo con codo con los irrelevantes viáticos que se daban en los campeonatos de apasionados, ganó una cantidad sin precedentes de $ 100.000; en mil novecientos setenta y seis, las ganancias de Chris Evert superaron el millón de dólares estadounidenses. Hubo quienes creyeron que el énfasis de King en el dinero era vulgar, mas se sostuvo firme. Como afirmó Althea Gibson, la primera tenista afroamericana en ganar un título de Grand Slam y una de las mayores inspiraciones de King: «No puedes comer trofeos».

En otra parte, King recuerda los juegos que cambiaron la vida con notable claridad, en ciertos casos guiándonos a través de cada set. No es tan costoso como semeja. King se recrea con el drama y la tensión, tanto en su tenis como en su narración; dada su condición de atleta récord, sus eventuales descensos de alegría semejan perdonables. La preparación para el conocido partido «La batalla de los sexos», en la que jugó contra Bobby Riggs, y el circo que lo rodeaba, está horriblemente contada. Riggs, un hombre de los cincuenta que busca atención y autoproclamado «cerdo chovinista», había desafiado a King en una riña para probar que el tenis femenino era inferior al tenis masculino y no calidad la pena invertir en él. Mientras que King pasó las semanas anteriores al partido adiestrando duro y estudiando el juego de Riggs, pasó gran parte de burlándose de ella en entrevistas con los medios y haciendo pactos de apoyo. Ella lo venció en sets seguidos.

La campaña de King fue alén del tenis, como es natural. Marchó por la liberación de la mujer al lado de Gloria Steinem y, encarando duras críticas, declaró en público que había tenido un aborto. King asimismo se ha sometido a un escrutinio meticuloso y también injusto de su matrimonio con el letrado Larry King y su sexualidad. Durante años, guardó silencio sobre sus relaciones con las mujeres por miedo a explotar su carrera (ahora es una firme defensora de la comunidad LGBTQ). Si bien All In contiene muchos avatares atléticos, son sus pensamientos sobre esta negación y este secreto los que le dan su peso sensible.

King ha mentido reiteradamente a su familia, colegas y los medios de comunicación, aun después de que una ex- novia, Marilyn Barnett, lo expuso en mil novecientos ochenta y uno al presentar una demanda por palimonia. King escribe emocionantemente sobre sus negaciones de la homosexualidad, que afirmó que eran el resultado del temor, la vergüenza y su homofobia internalizada. “Es un legado de muchas cosas, incluido el no saber si se puede confiar en alguien con la información”, observa. «La gente en el guardarropa de manera frecuente se consuela con la idea de que cuando menos tienen el control de quién sabe la verdad, cuando la verdad real es que el guardarropa tiene el control». Después, añade, «no salí completamente y no me sentí cómoda con mi piel hasta los cincuenta y uno años. Ojalá hubiese podido salir ya antes».

No obstante, el coraje y la resistencia precisos a fin de que King se enfrentase a un tenista protector, desagradable y de manera frecuente entusiasta, y ganar, no fue una proeza pequeña, si bien resultó que su batalla más esencial sería consigo misma. All In describe una vida compuesta por una riña épica tras otra, tanto dentro como fuera de la cancha. «Pero salí de eso», escribió en el epílogo. «Soy libre.»

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