Borges and Me: An Encounter by Jay Parini review – un viaje literario lleno de baches | Autobiografía y memoria

“Que todos los que lo conocieron escriban sobre él”, escribió Borges sobre el protagonista Ireneo Funes en su exposición Funes el instancia, “me parece una idea oportuno”. Ciertamente los que conocieron a Borges, incluso de pasada, pensaron que era una idea oportuno escribir sobre él. Hace cincuenta abriles, parecía que un viaje a Buenos Aires no estaba completo sin una escalera en su unidad del sexto carretera de la calle Maipú, que compartía con su principio. Alberto Manguel y Paul Theroux escribieron sobre leerle al índole ciego en su sala de estar. VS Naipaul, en El regreso de Eva Perón, encontró a Borges “extrañamente colonial”, separado de la violencia y el desorden en su país. Durante la encuentro de Mario Vargas Llosa en 1981, notó que Borges había mantenido intacta la habitación de su principio, con un vestido tonto preparado en la cama, a pesar de que ella había muerto seis abriles ayer.

El “encuentro” de Jay Parini tuvo zona allá de Argentina. Afirma acontecer conocido a Borges en Escocia, mientras hacía su doctorado en St Andrews. Parini estaba cerca del poeta Alastair Reid, que vivía cerca y escribía regularmente para el New Yorker: Reid incluso fue uno de los traductores de inglés de Borges. Durante la encuentro de Borges en 1970, Reid fue llamado a Londres por unos días. Se le pidió a Parini que se ocupara del invitado y los dos aparentemente se embarcaron en un viaje improvisado a través de las Tierras Altas. Borges se ofreció a admitir todos los gastos, mientras que a Parini se le asignó la tarea de conducir y describir en voz suscripción todo lo que veía en el camino. “La descripción es una revelación”, le dijo Borges.

Parini no puede evitar deletrear siempre el subtexto, lo que sugiere una errata de confianza en sus expresiones y fabricaciones.

Borges incluso bautizó al coche como Rocinante e imaginó su alto como Don Quijote y Sancho Panza en una peregrinación literaria escocesa. Se alojaron en el hotel Crusoe en Lower Largo, donde Borges probó una pinta de Export, removiendo la espuma con los dedos y lamiendo, por primera vez en su vida. En Dunfermline, lamió el dorso de una novelística de Walter Scott adentro de una estantería. En las montañas de Cairngorm, se deslizó por una irresoluto gritando líneas del Rey Lear en medio de una tormenta. En el marisma Ness, se cayó de un vasija mientras intentaba contar Beowulf en medio del marisma. En Inverness, se dispuso a conocer a un tal Mr. Singleton, con quien había mantenido correspondencia durante abriles sobre acertijos anglosajones. Pero cuando Parini llamó al número que figura en la hoja de papel que le dio Borges, descubrieron que el señor Singleton vivía en Inverness, Nueva Zelanda.

¿Realmente sucedió? Parini dice en el broche que los hechos son ciertos, aunque fogosidad al ejemplar una “memoria ficticia” y hace alusiones de moda a la “autoficción”. Las historias, sin secuestro, parecen reales no por su certeza fáctica, sino por la trascendencia con la que se cuentan, y es en la narración donde Borges y yo parecemos menos persuasivos. Borges es alternativamente retratado como el tipo de intérprete demente y como un tío extravagante que empuña un garrota, que tiene contratiempos por todas partes y necesita ir al baño cada pocos minutos. Los pensamientos internos de Parini rara vez están a la categoría de la ocasión: cuando se le presenta a Borges, lo único que puede preguntarse es “si los que no pueden ver pueden percatar más que el resto de nosotros”, y como narrador no puede evitar deletrear siempre la palabra. subtexto, que sugiere una errata de confianza en sus expresiones y fabricaciones. Parini se apresura a rememorar al leyente que Escocia es el zona de salida de Robert Burns y descarta la gastada cita de Auden sobre la poesía de que “no pasa ausencia”. Es posible disfrutar de la historia si está dispuesto a ignorar las conversaciones de una sola nota a lo espléndido del viaje y cree que los giros y vueltas de la trama pueden ser suficientes para demostrar una conexión entre el preceptor y el aprendiz.

La historia de fondo estadounidense de Parini parece más plausible. Cruzó el Atlántico para evitar ser reclutado en la Guerra de Vietnam. A los 22 abriles, quiere escapar del destino mundano de sus padres de clase media en Scranton, Pensilvania. Cada dos semanas, recibe cartas de su principio (“deberías tener mucho cuidado con las chicas escocesas”), el señalador y su mejor amigo, Billy, que se apuntó a la pelea: Nam. “Su padre tiene la mejor tendencia del ejemplar – ‘Las aceras de su mente estaban sembradas de cáscaras de plátano’ – y las experiencias de Billy contrastan marcadamente con los ‘problemas de chicas’ de Parini en el campus.

Borges sigue siendo un personaje secundario en la trayectoria de Parini de conseguir a la pupila y encontrar un tema adecuado para su argumento doctoral. Parini intenta embargar la delgadez retomando las líneas de la boca del anciano de sus grandes éxitos: Funes, el notable, Borges y yo, La biblioteca de Babel. Conduciendo por las colinas en un añejo Morris Minor, Parini comienza a darse cuenta de que “la conexión entre las palabras y las cosas obviamente importa”. Si tan solo pudiera cubrir las costuras.

Borges and Me de Jay Parini es una publicación de Canongate (£ 14,99). Para apoyar a Guardian y Observer, solicite su copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos de remesa