Cartas a Camondo de la revista Edmund de Waal – Evocación proustiana de la Belle Epoque | Edmund de Waal

Cartas a Camondo

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Edmund de Waal, el profesor ceramista y autor de memorias, se subscribe al conocido dicho de Imagist: “No hay ideas sino en cosas”. Este libro es una coda deliciosa y profunda de The Hare With Amber Eyes, su historia de éxito personal de una rama de su familia materna, la dinastía bancaria Ephrussi, contada a través de los pocos tesoros supervivientes, un tesoro netsuke nipón, incluida la liebre, que se escapó. El saqueo nacionalsocialista. Aquí, vuelve al mismo ambiente.

El conde Moïse de Camondo fue amigo y vecino de Charles Ephrussi a lo largo de la Belle Epoque en París, viviendo en el 63 de la rue de Monceau, a pocas puertas del número 81 del hotel Ephrussi. Como Ephrussi, fue un hombre de gran riqueza y buen gusto, que vivió los principios de la horrible ola de antisemitismo en Europa.

El regalo para De Waal como escritor se encuentra en el hecho de que la casa en la que vivía, Camondo, se preservó conforme sus deseos, precisamente como cuando murió en 1935. El número 73, una fantástica casa de piedra dorada con parque, ha regalado a los franceses nación en parte en memoria del único hijo de Camondo, Nissim (el nombre significa ‘milagro’), quien fue asesinado a lo largo de la Primera Guerra Mundial, en parte pues era un enorme coleccionista.

La casa es un escaparate de este pasado en el que hubo «charla y comida, loza, cortesía y todo lo que resulta posible», un museo de curiosidades, cada una portando lo que De Waal llama en su apartado «lacrimae rerum», lágrimas de cosas.

El inventario poético

Para empezar con su reconstrucción, contada en una serie de cartas a Camondo a lo largo de un siglo, cumple la labor de inventario poético. «Estoy haciendo un fichero de sus ficheros», le afirmó De Waal a su finado «amigo». A lo largo de los meses y años, vaga por la casa, de habitación en habitación, mirando y también imaginando. Su consideración del contenido se acompaña de fotografías, ciertas de álbumes familiares, ciertas del interior de la casa tal y como existe y como existió.

La compilación y catalogación de Camondo se extendió a menús de platos preferidos, a instrucciones al jardinero para la plantación de primavera, a los pensamientos del enólogo sobre la reposición de la bodega, una gran parte de los que se guardan en cuadernos encuadernados en Marruecos. La vida de la casa se conserva no solo en los libros diarios del propio Camondo, sino más bien de su maestresala, Pierre Godefin, quien llegó en 1882 y continuó en servicio hasta 1935, se le concedió una habitación con «vidrios». Luminoso en las ventanas y un vista del ‘parque a través de los árboles’.

Edmund de Waal, el profesor ceramista y autor de memorias

Edmund de Waal, el profesor ceramista y autor de memorias

De Waal lo acostumbra a evocar exactamente de sus tareas: «Se sienta acá y solicita cueros de trementina y bayeta, papel de seda, cepillos y cristales de crin, pasta de Buhler, polvo para cuchillos, curamel, jabón verde, paños para el suelo y polvo Goddard, alcohol y escobas de paja. Monsieur Godefin encarga mermelada a Fouquet’s y un pequeño horno a Boissier. El sabor de estas listas, de la temporada y el sitio de Proust, es cuestión de memoria».

A las oraciones de De Waal les agrada aceptar el peso histórico de los objetos que describe, en una prosa que a menudo recuerda a Bruce Chatwin, ese otro esteta como por arte de magia esclavizado a la historia europea lastimosamente sepultado. Construye una imagen de Camondo amontonando efectos personales en un esmero peculiar por pertenecer.

La llegada de Camondo

El Camondo había llegado a París desde Constantinopla en 1869, exactamente el mismo año en que los efrusos se habían establecido acá desde Odessa. Su estatus de emigrante se vio amplificado a principios de siglo por la creciente atmósfera de antisemitismo en París, inflamada por el caso Dreyfus y alimentada por La France Juive de Edouard Drumont.

Camondo hizo todo cuanto pudo para resguardar a su familia de estas fuerzas, para anclarse como francés; fue patrocinador de decenas de organizaciones culturales, la Société des Amis du Louvre, el Congreso Internacional de Bibliotecarios y Bibliófilos. Su hijo luchó y murió por la república y dejó el legado de su casa en su honor.

El museo abrió en 1936 y fue un enorme éxito entre los parisinos. Sin embargo, en 4 años, todo cuanto hombres como Camondo habían construido «contra la entropía» se destrozó en cuestión de meses. Así como hizo un inventario recordable del gran florecimiento de la Belle Epoque en esas cartas, De Waal ahora especifica en doce breves páginas su asolagación, incluida la deportación y el homicidio de la hija de Camondo y su familia, con igual precisión impecable.

Para 1943, apunta, 38 hogares judíos «abandonados» en todo París habían sido «vaciados de todo cuanto se empleaba a diario o bien con fines ornamentales» y las obras de arte saqueadas se notificaron a los funcionarios nazis. El heroico funcionario Jacques Jaujard, que salvó muchos tesoros en el Louvre, impidió la ocupación del 63 de la rue de Monceau. Se puede decir que ha aguardado este libro sosegado y también imborrable.

Este artículo fue cambiado el 2 de mayo de 2021 para corregir un fallo ortográfico en el título del libro de Édouard Drumont La France Juive.

Cartas a Camondo de Edmund de Waal es una publicación de Chatto (£ 14.99). Para pedir una copia, vaya a guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos de envío