Dreamland de Rosa Rankin-Gee revisión: tensión desde el borde del asedio en Margate | ficción

Es bastante difícil redactar sobre el apocalíptico Dreamland de Rosa Rankin-Gee sin encauzar metáforas acuáticas. Corren corrientes a través de sus páginas, mientras que el incremento del nivel del mar ahonda las desigualdades, apoya a los políticos populistas y borra todas y cada una de las certidumbres de la civilización. Pero asimismo está la prosa de la novela, su gracia líquida y su chispeante brillo, y la pura irresistibilidad de una narrativa incontenible con una fuerza que siente la marea en su tirón.

La decoración es Margate, en ocasiones en un futuro demasiado próximo. “Shoreditch-on-Sea”, como se le llamó una vez, ha pasado de ser “tiendas de caridad, tiendas de chips, tiendas cerradas” a bancos de comestibles y “kem”, una droga a la que los lugareños son adeptos. La narradora Chance llegó como una pequeña, financiada por el gobierno, para salir de la atestada Londres con su protector hermano mayor, JD, y Jas, su joven madre, una desertora de la escuela de arte cuyo brillo se ve mitigado por la adicción. Finalmente, el asociado comercial hinchado y también inestable de JD, Kole, se une a su conjunto y después llega un pequeño llamado Blue.

'Gracia líquida': Rosa Rankin-Gee«Gracia líquida»: Rosa Rankin-Gee.

Todo el tiempo, la marea sube. Un acontecimiento climático conocido como «lavado» deja innumerables muertes, hay «olas de piro-calor» y también inviernos ardientes. Igualmente amenazante es el tiempo político: los recortes de capital dejan a la deriva a las zonas pobres y, conforme la nación se fragmenta, los muros se levantan, literalmente. Cuando un demagogo apodado «Action Man» promete nuevos inicios en otro sitio a cualquiera que se quede en Margate, Chance se desgarra. Su mejor amigo Davey es todo para quedarse quieto, mas ¿qué sucede con la rubia Francesca, la beneficiosa londinense de la que se enamora?

Dreamland tiene sitio en retrospectiva, ganada con esmero, lanzando un velo elegiaco de inevitabilidad sobre los acontecimientos mientras que estimula nuestra curiosidad, y temor, sobre dónde podría haber terminado Chance. Ella es una heroína magnética; valiente, tenuemente roto, devoto del pequeño Blue. Ella asimismo es muy observadora. «Son las cosas más pequeñas las que me hicieron sentir más», afirma en un instante y Rankin-Gill asimismo le afirma al lector que siente el nerviosismo de la risa de JD alrededor de Kole («tal y como si sus pulmones estuviesen aplaudiendo «)) o bien el tono preciso de un diente cano que embota la sonrisa de Jas (» té helado «).

Si bien efectivamente se puede llamar «cli-fi», Dreamland asimismo es una historia de amor (2) y una historia de supervivencia, aun de reto, en frente de la violencia masculina. Cuando las cosas se ponen feas, y verdaderamente lo hacen, hay sitio para el humor espantoso, de esta manera para el más mínimo rayo de esperanza. Rankin-Gill es una escritora demasiado fuerte para priorizar cualquier otra cosa que no sea la historia y, no obstante, tiene una conciencia social hiperactiva. Entonces, es lógico que después de escenas de tensión de asedio y asolagación desgarradora, lo que Chance aprenda sea esto: que en ocasiones lo que te salva es tener a alguien más a quien cuidar.

Dreamland de Rosa Rankin-Gee es una publicación de Scribner (£ catorce con noventa y nueve). Para pedir una copia, vaya a guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos de envío