El diablo que conoces de la Dra. Gwen Adshead y Eileen Horne Review: difícil de no ver | Libros sobre salud, mente y cuerpo

«Soy ciego por el hecho de que veo demasiado, de esta forma que estudio con una lámpara obscura». Esta cita de pacientes extraordinariamente sagaz aparece en la introducción a la compilación de once historias de pacientes de la Dra. Gwen Adshead, y prepara el escenario para un viaje embriagador a través de los corredores del Hospital Broadmoor y más allí, cara el sistema penitenciario, la comunidad y la sala de consulta.

Basándose en la vasta experiencia de Adshead como psicoterapeuta forense, cada capítulo se centra en una persona diferente. Sus crímenes pueden hacer que la lectura sea incómoda, y con razón. Conocemos a Tony, un asesino en serie que degolló a su primera víctima; Gabriel, que acuchilló a un completo extraño en un café del norte de Londres; Zahra, a quien le encantaba prenderse fuego a sí (ya otras personas), y también Ian, que abusó sexualmente de sus 2 hijos pequeños. Si este libro fuera un artículo sensacionalista, estos actos solo servirían como titulares sórdidos; palabras destinadas a atraernos, a jugar con nuestra inacabable y sigilosa fascinación por el asesino y lo macabro. Tal vez esta fascinación se deba a una creciente desensibilización, o bien quizás sea un extraño sentido de responsabilidad colectiva por la fruta obscura de nuestro paisaje, y los titulares nos ofrecen un punto de control de responsabilidad. Pero más allí de los titulares y dentro de estas páginas está la auténtica historia de los pacientes y, junto a ellos, la tranquilizadora presencia de Adshead. “Algunas cosas que les pediré que vean serán difíciles de ignorar”, escribe. «Pero sé por mi experiencia que adquirir conocimiento … es transformador, y voy a estar junto a ti». Es esa voz incesante y tranquilizadora, una voz que no duda en aceptar sus fallos y fallos de juicio eventuales, lo que hace que el libro sea tan bello y absorbente.

La duda es tal vez la calificación médica más esencial de todas y cada una y, como clínica, Adshead cuestiona sus prejuicios reiteradamente a lo largo de las historias, retando a sus lectores a hacer lo mismo. Los modelos a proseguir con los que trabajamos con frecuencia (la sumisión esmerada de una pequeña asiática, la situación ética de un generalista bravucón y golfista, de qué forma se ve un abusador sexual infantil) dan una cosecha rica y peligrosa. Lo que es más alarmante, estos prejuicios pueden viajar más allí de nuestro subconsciente y dar sitio a diagnósticos errados, convicciones y recursos. Varias historias de Adshead, por poner un ejemplo, ilustran la preferencia de la sociedad por explicar la violencia femenina después de un trauma (si bien la gran mayoría de las muchas mujeres que experimentan un trauma jamás se vuelven violentas) y esta hipótesis podría llevar a diferentes planes de atención o bien la ausencia de ciertas terapias ofrecidas. El libro asimismo recuerda un instante en que una paciente se encolerizó tanto con su terapeuta masculino que empezó a vocear, gruñir y arrancar pedazos de la puerta de su oficina con un objeto afilado. Adshead, testigo de esta furia y «con una velocidad alimentada por la cobardía», brincó a un guardarropa en el corredor y se encerró allá. Luego se preguntó si habría sido más probable que interviniese si el paciente hubiese sido hombre. Después de haber vivido una experiencia idéntica con un guardarropa de ropa blanca en una residencia con alta dependencia, ahora asimismo me pregunto. Quizás la idea de la violencia femenina es tan desapacible para nosotros como sociedad que es más simple separar la mirada.

Por el contrario, las imágenes de la maternidad, desde la Virgen María hasta la diosa hindú Lakshmi, son omnipresentes en nuestra conciencia, y asimismo aparecen a lo largo del libro, ya que las respectivas madres de los sujetos de Adshead se pierden para ellos en diferentes circunstancias, igual de dolorosas. El orden en el que se cuentan estas historias está lejos de ser una coincidencia, y cara el final de nuestro viaje nos hallamos con una paciente que cuestiona nuestra definición de lo que una buena madre debería o bien no habría de ser. Quizás, no obstante, el relato más emocionante de la pérdida materna se puede localizar en la historia de Gabriel. Originario de Eritrea, Gabriel llegó al Reino Unido como un joven demandante de asilo, huyendo de la violencia y el enfrentamiento en su país natal, mas habiéndose separado de su familia en el proceso. Con su cuenta, y con otros episodios, Adshead quiere trasmitir que, aunque las personas de color representan el trece% de la población general del Reino Unido, representan alrededor del veinticinco% de la población en cárceles y centros de salud seguros, una proporción que se refleja en el libro. sí mismo. . Tales estadísticas, como el trabajo de teóricos y también historiadores, están desperdigadas por las páginas. Pero este no es un texto académico, y si bien hay una dulce convidación en las notas a profundidzar en estas cuestiones, en ningún instante me sentí tal y como si hubiese regresado a un anfiteatro. El trasfondo y el contexto que se nos ofrece a lo largo de las historias solo se aúna a su amplitud y textura, y un enorme crédito acá es para la coautora de Adshead, la escritora y dramaturga Eileen Horne, quien cooperó ​​con Adshead en este «ejercicio conjunto de empatía». Conserva la voz y la experiencia del clínico, sin riesgo de perder la inversión sensible que el lector ha hecho en el paciente.

Adshead cuestiona sus prejuicios en determinados puntos de las historias, retando a sus lectores a hacer lo mismo.

Horne asimismo consigue hilar una selección de citas escogidas por Adshead, desde El comerciante de Venecia («pícanos, ¿no sangramos?») A Marvel Comics («no me amarás cuando estoy enojado»), que no solo puntúa sutilmente el dolor y el dolor en la historia de un paciente, sino más bien que asimismo ilustra los muchos puentes entre la siquiatría y las artes. Dada la relevancia del lenguaje dentro de la especialidad, no sorprende que tantos siquiatras asimismo sean escritores. Adshead examina el lenguaje reiteradamente, resaltando la selección de un paciente o bien la ausencia de palabras, el empleo del tiempo presente para describir un acontecimiento traumático y las contrariedades que se hallan cuando el médico y el paciente no dominan exactamente el mismo idioma. Incluso si lo son, los resultados pueden ser frustrantes. Cuando se le solicita que explique algo, David (el bravucón generalista y jugador de golf) rechaza reiteradamente las preguntas de Adshead, no con «No sé» o bien «No estoy seguro», sino más bien con «No podría decirlo». Una interesante elección de oración, que impulsa una exploración más profunda de lo que podría estar silenciándolo.

Esta compilación de historias se une a la genial exploración de Nathan Filer sobre la esquizofrenia (Este libro cambiará su opinión sobre la salud mental) y el fantástico El lado obscuro de la mente del sicólogo forense Kerry Daynes, usando viñetas de pacientes para ilustrar tanto las enfermedades mentales como nuestra percepción de estas enfermedades. El diablo que conoces tiene un sitio bien justo en este anaquel. Las palabras de Adshead se pueden leer sin esmero y son de manera profunda enternecedoras. Esto no se debe solo a las historias de los pacientes, sino más bien a la contestación sincera y clemente de Adshead a esas historias, y a su capacidad para redactar con tanta claridad y elegancia aun en torno a los cuentos más angustiosos. La forma en que un terapeuta responde a su paciente es una parte esencial del proceso terapéutico, y Adshead experimenta temor, tristeza, irritación e inclusive somnolencia fugaces a lo largo de sus consultas, y cada uno de ellos por una razón diferente.

Con este proceso terapéutico en mente, cuando acabé de leer, medité sobre de qué forma me hacían sentir estas historias. Nunca he trabajado en siquiatría forense, mas los pacientes que he encontrado a través de este libro me han hecho sentir añoranza por el servicio. Lugares donde nos enseñan a sentarnos siempre y en todo momento en la silla más próxima a la puerta; donde, para un observador, lo único que distingue al médico del paciente es una tanga; donde una cuchase restante del comedor es un hecho grave. Como en la vida, las historias de este libro no siempre y en todo momento tienen el final feliz con el que soñamos. Es posible que nos sintamos incómodos al mudar de perspectiva. Podemos, provisionalmente, absorber el dolor que sienten los pacientes y otras víctimas que terminamos de leer. Sin embargo, el sentimiento más apabullante que tuve al finalizar este libro fue la esperanza, no solo para los pacientes sino más bien asimismo para los lectores. En los últimos doce meses, todos hemos visto demasiado y, como resultado, es posible que nos hayamos quedado ciegos. Este libro sagaz, clemente y alucinante nos va a ayudar a distanciarnos de nuestra ceguera y conceptos errados y lanzar luz sobre historias más allí de los titulares, historias que precisan desesperadamente ser escuchadas.

El diablo que conoces de la Dra. Gwen Adshead y Eileen Horne es una publicación de Faber (£ dieciseis con noventa y nueve). Para respaldar a libromundo, pida su copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.

Deja un comentario