El encanto atemporal del rey Arturo Gauvain: «Se siente como el primer protagonista moderno» | Poesía

En la edad obscura de mi niñez, amaba los cuentos del Rey Arturo. Mi caballero preferido era Gauvain, el sobrino del rey, que cae en las sombras y después se redime al final. Durante un año, quizá 2, proseguí sus proezas con la intensa intensidad de fanboy que otros reservaban para futbolistas o bien vocalistas, persiguiéndolo mediante libros de bolsillo y cómics, de Roger Lancelyn Green. A John Steinbeck, como si cada historia fuera un nuevo inicio, un aventura totalmente nueva. El resto de los caballeros fueron en una gran parte fijos en su sitio. Eran significantes de virtud (Galahad), maldad (Mordred) o bien hazaña caballeresca (Lancelot). Pero Gauvain brincó. Gauvain hizo una reverencia. Fue, lo veo ahora, mi primer enamoramiento literario.

Se podría decir que brincó demasiado, este casi-hombre infatigable de la historia de leyenda artúrica (prácticamente suficientemente puro para tomar el Grial; prácticamente suficientemente fuerte como para vencer a Lancelot en la batalla). Lee un libro y te distanciarás pensando que Gwain era un héroe. Leer otro y se transformó en un rudo matón. Fue actor primordial en ciertos, un tanto actor en otros. Era valiente, enclenque, brutal, venal y también inquebrantable; tan listo como un lobo y tan estúpido como un chimpancé. Cuantos más libros leía, más confundido estaba. Nunca supiste verdaderamente dónde estabas con Gauvain.

Podemos regresar a toparnos con él (o bien cuando menos con otra versión del hombre) en El caballero verde de David Lowery, una obscura y profunda historia de aventuras del poema épico del siglo XIV. En esta ocasión, es interpretado por la estrella de Slumdog Millionaire y The Personal History of David Copperfield, Dev Patel (hombros flacos, ceño caviloso) en una historia que combina el romance caballeresco y el horror pagano en toda regla. Gawain viene a caballo mediante las tierras baldías azotadas por el viento para honrar un trato de ojo por ojo con un guerrero místico, supuestamente imposible de matar. Pero es en el interior, caluroso, donde tiene sitio el auténtico drama.

Lowery, un cineasta estadounidense con sede en Texas, ha gozado del poema desde el instante en que era un adolescente. Dice que Gauvain tiene matices, es complejo; por turnos valientes y corteses, mundanos y falibles. Esto es una parte de su llamado. «No pretendo que esto sea una representación terminante del personaje», me afirma Lowery. «Lo que Dev y deseábamos hacer era crear una iteración de Gwain que pudiese estar al lado de otros muchos que han poblado la tradición artúrica a lo largo de los últimos 8 o bien 9 siglos, y quizá añadir una nueva textura a una mitología ya espesa y fantástica».

Inevitablemente, rueda por un terreno bien pisado. Desde su redescubrimiento en la temporada victoriana, el poema ha sido objeto de múltiples cientos y cientos de traducciones. Se ha transformado en películas, obras teatrales y ópera. La mayoría de los intentos son incorrectos, cree Sarah Phelps, la argumentista más famosa por sus sombrías y retorcidas adaptaciones de Agatha Christie. Sir Gwain y el Caballero Verde lo han ofuscado a lo largo de años. Dice que es el texto que siempre y en todo momento ha querido amoldar más. Ella empezó hace unos años y fue rechazada, consolándose escribiendo capítulos de la serie Camelot en su sitio. A Phelps le agrada lo que vio de la versión de Lowery. «Porque ha de estar inquieto, salvaje, pestilente, amenazador», afirmó. “Debe ser una pesadilla, alucinógena y aterradora. Es el corazón de las tinieblas de finales de la Edad Media.

En cuanto a Gauvain, es fundamentalmente un cordero de matadero. Se describe a sí mismo como «el más débil [of the knights], el más desprovisto de sabiduría ”. Al admitir el reto presentado por el Caballero Verde (esencialmente: me cortas la cabeza y después la tuya), sabe que no puede ganar en términos usuales. Asume que el riesgo está en la naturaleza cuando está considerablemente más cerca de casa, al lado de su cama. No es el habitual héroe. No es tu busca obvia.

Eso es lo que le agrada a Phelps: esa dificultad sicológica, el subtexto obscuro que resulta ser texto. “Si miras a Lancelot o bien Galahad, esencialmente se definen por su trabajo. Pero lo extraño de Gauvain es que ves a alguien madurar como un humano, danzar al filo de las cosas, empezar a relacionarse con el planeta. Se transforma en el antihéroe de su antihistoria. Me semeja muy moderno. Quizás eso lo transforma en el primer protagonista moderno.

La esposa del Caballero Verde y Gauvain, Cotton MS Nero.La esposa del Caballero Verde y Gauvain, Cotton MS Nero. Fotografía: Alamy

Me agrada la idea de que Gauvain es moderno, algo adelantado a su tiempo, complicado de una forma que otros caballeros no lo son. Ayuda a dar sentido a la personalidad de un hombre; lo que el erudito arturiano Ryan Harper describe como «la elasticidad de su carácter». Gauvain es flexible, regenerador; el actor de carácter gomoso del cosmos artúrico. Es un asesino sobrenatural en Le Morte d’Arthur de Thomas Malory y un intrascendente tábano en Los amoríos del rey de Tennyson; un matón cautivador en la serie de la BBC Merlin y un bulldog pulguillas en Excalibur de John Boorman. En la mayor parte de las versiones de la historia de leyenda de Camelot, Gwain muere al final, derruido mientras que lucha contra el ejército de Mordred. Pero en El gigante sepultado, Kazuo Ishiguro conspira para mostrarnos un viejo Gawain, el único superviviente del reinado de Arturo, años una vez que Inglaterra volviese a caer en la obscuridad. Encontrarlo fue una feliz sorpresa, como encontrarse con un amigo perdido hace un buen tiempo en la calle.

Ad Putter es maestro de literatura inglesa medieval y coeditor de The Works of the Gawain Poet. Explica que la razón por la cual Gauvain es confuso es pues es un compuesto, el resultado de siglos de reescritura y reorientación. En las primeras crónicas artúricas, escritas en Inglaterra en el siglo XII, se le presenta como un héroe íntegro, la mano derecha de Arturo. Pero en los romances franceses que prosiguieron, su reputación se estropeó. Era un dandy, un coqueto; un mujeriego, un bárbaro. «Tenemos un nombre para este proceso, lleva por nombre Epic Degeneration», afirma Putter. “La gente se fatiga de los viejos héroes y desea que otros nuevos los sustituyan. Y eso es lo que pasó en los romances franceses. De repente, Lancelot se transforma en el mejor cánido. Gauvain es empujado a un lado para hacerle espacio.

Putter lo llama degeneración, mas puede apreciar decir lo opuesto. Al perder terreno como héroe, Gauvain se ha enriquecido como personaje. Fue afable en su juventud y después se ahondó y se obscureció. En sus muchas encarnaciones, se vuelve tan imperfecto y alterable como cualquier personaje creado por Alice Munro o bien Philip Roth; tan confuso y rebelde como nuestros amigos y familiares más próximos.

Ralph Ineson en El caballero verde (2021).Ralph Ineson en El caballero verde (dos mil veintiuno). Fotografía: Landmark Media / Alamy

Lo que nos lleva de vuelta a la historia de Green Knight, escrita por una mano ignota a fines de mil trescientos. Putter explica que este versista no trabajó solo. Habría leído tanto las crónicas como las novelas, y conocido las distintas historias, hasta el punto de poder oponerse entre sí. Arrastrado en un castillo, camino de la capilla verde, Gauvain es tentado 3 veces por la esposa del señor. La mujer conoce su reputación. No puede opinar que la rechace. Y acá es donde el poema se vuelve diabólicamente metatextual, de forma positiva posmoderno. Tenemos la impresión de un Gauvain que está en guerra con sus diablos, las otras versiones de sí. Está resuelto a no recular. Quiere ser un mejor hombre.

Cabe apuntar que Gauvain asimismo lidera otras batallas. El texto mienta toros y osos, dragones y víboras, mas repasa estos enfrentamientos en diez líneas superficiales. El auténtico reto, la auténtica busca, tiene sitio en el castillo, en los sigilosos intercambios de Gauvain con la mujer en su habitación. Eso es lo que lo juzga: las pequeñas preguntas que le hacen, no las grandes bestias por las que pasa.

Es, sospecha Putter, el arma segrega del texto. “Es prácticamente como una historia de detectives. Solo descubrimos el desarrollo de la historia al final, en la Capilla Verde, cuando Gauvain se entera de que el gran instante ya pasó. ¿No es este asimismo el caso en la vida real? Realmente no sabemos en qué momento van a llegar los instantes críticos. Cuando nos prueban. Qué es esencial y qué no.

¿Cuánto de esto coleccioné cuando era pequeño? Probablemente nada, efectivamente no de manera consciente. Acudí a las leyendas artúricas por razones más obvias: por hechizos mágicos y traiciones; por el impacto de las espadas refulgentes en los bosques oscuros. Pero me atraía Gauvain pues me interesaba y también intrigaba. Puede ser una buena base para una relación durable. El deseo de entender a una persona; el reconocimiento implícito de que jamás vas. Esto es cierto para todas y cada una de las mejores personas, reales o bien imaginarias. Esto asimismo es cierto para un personaje rediseñado durante los siglos.

Es Navidad en Camelot, prácticamente un año más, cuando el joven caballero emprende su busca imposible y la vieja historia vuelve al comienzo. Se monta a horcajadas sobre el puente levadizo y se sumerge en el bosque; un héroe para su temporada, sea la que sea. Tiene temor y es noble, es enclenque y es fuerte, el Gauvain terminante hasta el momento en que llega el próximo.

The Green Knight se lanzará en el Reino Unido a fines de este año.

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