Esther Freud sobre Hideous Kinky: “Los recuerdos volvieron a mí, llenos de humor y aterradores” | Como escribí

Tenía veinticuatro años en el momento en que me anoté en una clase de escritura creativa de Arvon y me fui con cuarenta páginas de lo que aguardaba que fuera una novela. Se fundamentó en mi primera niñez en la pista hippie en Marruecos y era a nivel estructural complicado, lleno de flashbacks, anécdotas y saltos de localización. Lo había empezado en otra clase en City Lit, donde me animaron a presentar una pieza más larga, rompiendo el hábito de los poemas cortos, canciones y parodias que formaban un espectáculo que había realizado: No sabía que el apio podía matar a Toi. – con un amigo de la escuela de teatro, a quien llevamos al festival de Edimburgo. Estaba feliz de seguir con esta vida, escribiendo y actuando con Kitty Aldridge (ahora asimismo escritora), mas su carrera como actriz despegó de una forma diferente a la mía, y me despidieron por mis recursos.

Cuente la historia, este es el consejo que recibí en Arvon, empiece por el principio y siga hasta el final. Así que fui a una vieja casa de verano y escribí lo que se transformó en el primer capítulo de Hideous Kinky. El resto podría haber venido de allá, mas no había encontrado ese otro ingrediente vital: la disciplina. Para redactar un libro, supuestamente, debías sentarte y hacerlo, y siempre y en todo momento tuve la esperanza de que eso no fuese cierto. Dos años después, estuve sin trabajo, otra vez, soltera, otra vez y en un estado de ánimo sorprendentemente agobiado a lo largo de veintiseis años. Decidí que el primer día de la semana siguiente escribiría a lo largo de 3 horas y proseguiría escribiendo hasta el momento en que mi agente me llamase y me afirmara que me precisaban de inmediato para una vira alrededor del planeta de Shakespeare.

Esto no sucedió y de ahí que me apliqué, al comienzo con complejidad, poco a poco con más sencillez, hasta el momento en que pronto no deseé hacer solamente que sentarme a mi mesa, cocinar y seguir mi historia. Los recuerdos volvieron a mí, ciertos jocosos, otros alarmantes, conversaciones completas, palabra por palabra. Cuando estaba bloqueado, merodeaba por Londres entrevistando a mi madre, y mientras que charlaba, reimaginaba sus historias desde la perspectiva de mi de 5 años. Por suerte vivía en un distrito con una enorme comunidad norteafricana, una oficina de asesoramiento marroquí a la vuelta de el rincón, donde a veces hacía fila, para su sorpresa, con preguntas sobre los lugares que había visitado, la ortografía de los nombres medio memorizados. Me preguntaba, en días bastante difíciles, si debería regresar a Marrakech, rememorar los dieciocho meses que estuvimos allá, mas temía que los recuerdos que había guardado a lo largo de veinte años, como mi caftán, un giro. Collares y el de mi hermana Libro escolar árabe, se evaporaría. Ce n’est qu’une fois le livre acabé que je me suis récompensé par une visite, et dès que je suis descendu de l’avion et que j’ai respiré l’odeur familière de poussière et de chaleur, je me suis senti en mi casa. Me alojaba en un hotel viejo, 3 pisos alrededor de un patio, un baño en el rellano, un grifo y un fregadero para lavar la ropa en el techo. Al parecer, nada había alterado.

Kate Winslet Horrible Kinky“Me entregué a fantasías sobre quién podría interpretar el papel de mamá”… Kate Winslet en la adaptación cinematográfica del libro de Freud en mil novecientos noventa y ocho. Fotografía: Allstar / BBC

En ese instante, tuve un sentimiento de emoción por el libro y estaba entregando fantasías de ser entrevistado y retratado, quien podría interpretar el papel de «mamá» cuando se transformara en una película. Pero al tiempo, no me sorprendió cuando los primeros agentes a los que lo envié lo rechazaron: ser actor me había listo para la decepción. Entonces, de repente, a un agente le agradó, se lo dio a un editor (exactamente el mismo editor que aún tengo, treinta años después) que lo adquirió en el acto. Estaba alegre. Recuerdo navegar por Portobello Road, pasear por el aire, sorprendido de que mi vida estuviese a punto de mudar, de que la cambie por pura fuerza de voluntad. A los poquitos días, había empezado un segundo libro, y fue entonces en el momento en que me hallé con una amiga de mi madre, una mujer que nos había visitado en Marruecos, llevándose a su bebé, Mob. Me felicitó y me preguntó qué hacía ahora. Estoy escribiendo otro libro, le afirmé. ¡Otro! Parecía sorprendida, mas absolutamente nadie podría haberse sorprendido más que .

No podría quererte más es una publicación de Bloomsbury.