Head First by Alastair Santhouse review: una tesis médica con elegancia e integridad | Libros sobre salud, mente y cuerpo

Parece contradictorio en el momento en que un médico le afirma a la gente que cuidarse bien es realmente algo malo, mas el Dr. Alastair Santhouse cita a Benjamin Franklin en el primer capítulo de Head First, su alucinante compilación de historias clínicas. «Nada es más fatal para la salud que cuidar demasiado», afirmó Franklin, y Santhouse usa esta observación irónica del siglo XVIII para proponer una serie de retos interesantes a sus lectores: estimar la gran repercusión que tienen nuestras psiques. Ejercicios en nuestros cuerpos, entender que la manera en que pensamos y reaccionamos a nuestro ambiente determinará de qué manera experimentamos la enfermedad, y reconocer que los síntomas que describimos con tanta seriedad a nuestro médico de cabecera podrían, en verdad, solo aparecer en contestación al paisaje en el que nos hallamos. “Los síntomas son parte de la vida”, escribe Santhouse, “y… la mayor parte de las veces, la fatiga, el dolor, los mareos o bien el dolor de espalda no señalan ninguna enfermedad. Una conclusión racional (si bien estoy convencido de que sorprendería a las miles y miles de personas sentadas pacientemente en las sillas de plástico en las salas de espera de los médicos, deseosas por localizar una causa médica para sus inconvenientes).

Santhouse, mismo un siquiatra asesor, asimismo observa su lado del consultorio. La creación de muchas subespecialidades en medicina y el abandono de la generalización quiere decir que la perspectiva se ha vuelto más angosta y enfocada. Si bien esto le asegura al especialista que hallará una increíble profundidad de conocimiento en su campo, asimismo quiere decir que sus otras unas partes del cuerpo (y unas partes de la mente) corren el peligro de ser pasadas por alto. Sin embargo, el órgano que ha escogido va a pasar por una extensa gama de pruebas e investigaciones difíciles (y de manera frecuente intrusivas), la mayor parte de ellas, afirma Santhouse, superfluas, antes que se declare capaz para su propósito. Trabajo y es libre de lograr el éxito. como un bulto médico, al próximo especialista. «¡No hay nada malo contigo! Su asesor lo declarará feliz, si bien esta oración de felicitación no es tan tranquilizadora para el paciente como podría parecer a primer aspecto.

El reaseguro juega un papel esencial en la medicina. Asegure, en una sociedad litigiosa, que el médico ha mandado a un paciente de todas y cada una de las formas imaginables ya antes de su alta. Tranquilice al paciente diciéndole que sus preocupaciones se toman de verdad, presumiblemente reflejadas en la cantidad de máquinas y agujas que se ve forzado a aguantar (si bien Santhouse apunta que esta seguridad paciente es una patraña y mandar a alguien para una encuesta solo brinda un consuelo fugaz en el mejor caso). También existe tal vez la calma más esencial de todas y cada una, que los síntomas que ocasionaron al paciente primeramente (insomnio, dolor de espalda, fatiga incesante) no fueron el resultado del agobio y la fatiga. La presión de la vida rutinaria, sino son ocasionados ​​por una enfermedad. .

Recibir un diagnóstico, mantiene Santhouse, ofrece validación. Lleva consigo un sentimiento de legitimidad y aprobación. Experimentar síntomas sin el linimento calmante de un diagnóstico quiere decir que la culpa recae de manera firme en los pies de la víctima. Los síntomas de base sicológica son vistos por la sociedad como un descalabro personal y algo vergonzoso, cuando pensamos que una enfermedad física es más digna de simpatía y apoyo. “La medicina cumple la función de legitimar la enfermedad pues, como sociedad, ese es el papel que le hemos escogido. Santhouse escribe, asumiendo que de ahí que que, a lo largo de los últimos sesenta años, el Manual Estadounidense de Diagnóstico y Estadística (DSM-1), que cuenta todas y cada una de las enfermedades mentales conocidas, ha crecido de ciento veintiocho categorías modestas a quinientos cuarenta y uno generosísimas. Claramente estamos en una cruzada agobiada para ser etiquetados. Pero el inconveniente con las etiquetas, afirma Santhouse, es que de manera frecuente pueden ser pegajosas e imposibles de eliminar.

Todo esto puede hacer que una lectura sea demasiado obscura sin la personalidad del narrador. Desde el primer capítulo, en el momento en que nos presenta a un paciente bastante sosegado llamado Roland, la voz de Santhouse se escapa de las páginas de su libro. En ocasiones con humor, de manera frecuente mostrando una gran pasión por sus convicciones, mas siempre y en todo momento con elegancia e integridad, Santhouse se asegura de vocalizar sus palabras con cuidado. Existe un perfecto equilibrio de patentiza experimental y anecdótica para respaldar sus teorías. La combinación cualitativa y cuantitativa para convencer al lector de que reconsidere la definición de «salud», que podría formar una buena salud, y si nuestra preocupación por los contadores de pasos, el análisis del sueño y la conveniencia de poder tomar una muestra de su presión arterial en cualquier instante. la hora del día o bien de la noche es verdaderamente una buena cosa tras todo.

Santhouse aun emplea sus experiencias para ilustrar lo simple que es ver al paciente y no a la persona cuando, como un joven médico privado de sueño por un turno por la noche, sintió un alivio pasajero al oír a la anciana a la que ‘estaba aguardando en Urgencias. – el que lo sostendría fuera de la cama – había fallecido en la ambulancia camino al centro de salud. No hay un médico vivo que no haya sentido emociones afines, mas leer las palabras de Santhouse es impresionantemente enternecedor.

Se aventura en el campo minado de la capacidad, y si nuestra voluntad de corregir y corregir prosigue siendo lo mejor para el paciente

Head First es una parte de un libro sobre de qué manera mudar la manera en que pensamos sobre nuestra salud y una parte de una memoria médica con ciertos pacientes que Santhouse ha encontrado en su larga carrera, presentada a lo largo de cada capítulo para contar sus historias. Estas presentaciones son en ocasiones breves y me entraron ganas de aprender más sobre los pacientes, mas (más como una clínica ambulatoria) jamás tenemos tiempo preciso para oír todas y cada una de las historias.

Como era de aguardar de un siquiatra, las fantásticas descripciones que Santhouse hace de sus pacientes se centran en las menudencias, los pequeños detalles de la apariencia, el habla y el comportamiento, detalles que de manera frecuente pasan inadvertidos, mas que son considerablemente más reveladores que cualquier cosa que pueda localizar en un fichero grueso. notas médicas de los pacientes. Quizás la historia más emocionante, no obstante, no procede de un paciente sino más bien de las propias tías abuelas del autor, Pearl y Sadie, cuyas vidas se hicieron poco a poco más pequeñas, hasta el momento en que las hermanas se hallan viviendo extrañamente en un planeta en otro planeta. Pearl tenía sobrepeso, lo que la abochornaba demasiado para poder ver a un médico, un problema médico que podría haberse resuelto con una sola tableta de tiroxina al día. Sus vidas fueron una desgracia que podría haberse eludido tan de forma fácil si la conexión entre nuestra cosmovisión y nuestra salud física hubiese sido reconocida ya antes. Pearl y Sadie, «ahora recostados uno al lado del otro en un camposanto en el norte de Manchester», prueban la relevancia de hacer las preguntas adecuadas a su paciente, de intentar ver el planeta por medio de sus ojos, aun ya antes de llegar a un análisis de sangre. formulario o bien libro de recetas. De lo opuesto, intentar tratar a alguien es como procurar abrir una cerradura con la llave incorrecta, explica Santhouse. Nuestro cuerpo solo hace lo que nuestra mente le afirma que haga, tras todo.

No rehuye los temas bastante difíciles. Analiza el suicidio, los cuidados al final de la vida, la fatiga crónica, la obesidad y, en el contexto de la cirugía de trasplante, la compleja situación del donante altruista. También se aventura en el campo minado de la capacidad, y si nuestra voluntad de corregir y corregir es siempre y en todo momento lo mejor para el paciente. Con mayor certidumbre, se prueba la implacable conexión entre mente y cuerpo. Por supuesto, probablemente un paciente deprimido experimente un dolor más profundo. Naturalmente, una sensación de desesperación no solamente nos pone bajo riesgo de tomar malas resoluciones en la vida, sino asimismo puede afectar nuestra capacidad para curar. Sin embargo, proseguimos apartando la mente y el cuerpo, hasta el punto de que las notas médicas de un paciente y sus notas siquiátricas acostumbran a guardarse en 2 sistemas informáticos diferentes.

Head First es un libro sabio, oportuno y locuaz. La letra de Santhouse es contundente, mas al tiempo agradable de leer, y ofrece una visión incalculable para todos, pues aunque podemos opinar que andamos con los ojos bien abiertos, todos podemos tropezar con ella de vez en cuando. conceptos errados. Una vez, cuando era un joven médico, lleno de las mejores pretensiones y el amor por la salud mental, debí dejar mi trabajo como siquiatra y regresar a la profunda anarquía de los servicios médicos. «¡No deseo ir!» Le digo a mi consultor en mi forma teatral frecuente. “No deseo trabajar en gastroenterología. ¡Extrañaré mucho a los pacientes acá! «Jo», afirmó, con una sabiduría sosegada que solo los consultores semejan tener, «son todos exactamente la misma gente». De hecho son.

Head First: A Psychiatrist’s Stories of Mind and Body es una publicación de Atlantic (£ dieciseis con noventa y nueve). Para respaldar a Guardian y Observer, adquiera una copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.

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