Hermoso mundo, ¿dónde estás? De Sally Rooney – El problema del éxito | Sally Rooney

Ha habido tanto estruendos en torno al trabajo de Sally Rooney, tanto furor y quizá una división fabricada. «El culto de Sally Rooney», afirma un titular. «¿Por qué tanta gente detesta a Sally Rooney?» Otro pregunta. La discusión no puede centrarse en la calidad de sus oraciones, que son impecables, ni en su tono, que es reflexivo, de manera frecuente gentil y siempre y en toda circunstancia estricto. Es prosa lo que consigues o bien no obtienes; para ciertos es incisivo, para otros banal. Lo que me hace preguntarme si es tan limpio que refleja los prejuicios de los lectores.

Rooney efectivamente está interesado en la precisión: sus 2 primeras novelas consiguieron ser sexualmente precisas sin ser impúdicas, y ese es un consejo interesante. En su repudio a la vergüenza, el estilo representa una suerte de avance, y tal vez sea esta autonomía lo que irrita a los críticos teóricos que son de forma notable masculinos y de forma notable misóginos. Además, y esto verdaderamente molesta a ciertas personas, Rooney escribe sobre el amor.

Si el «romance» es un insulto clave acá, «millennial» es otro. La diferencia de opinión se caracteriza, con o bien sin precisión, como generacional, y una parte de la charla es sobre lo que debe y no debe tomarse de verdad. En sus 2 primeros libros, Rooney escribió escrupulosamente sobre encuentros que por norma general se consideran fugaces y, por tanto, algo tontos: una aventura y un primer amor. Las intensidades de la experiencia, descrita con tanta frialdad, son mayores de lo que es socialmente útil, como se edificó una vez la sociedad. Sin embargo, para la generación descrita en estos libros, estas construcciones ya no se mantienen: los jóvenes cosechan la ruina que sembraron sus ancestros. (Las heroínas de Jane Austen no estaban preocupadas por el apocalipsis; tal vez de ahí que no se detuvieron, enamoradas, a abominar la trata de esclavos).

«¿No somos bebés infelices por nacer en el fin del planeta?» En la tercera novela de Rooney, Beautiful World, Where Are You, Alice y Eileen son mejores amigas, a puntito de cumplir treinta años, que coinciden en que la civilización humana está al borde del colapso, que la belleza está fallecida, que el arte se mercantiliza y que la novela está al borde del colapso. intrascendente como forma. Estos marxistas irlandeses inteligentes son los mejores amigos de la universidad y tienen una vida que, en muy, muy diferentes formas, se semeja un tanto a la de Rooney. Alice es una joven escritora impresionantemente triunfante y Eileen trabaja para una gaceta literaria, ganando $ veinte con cero por año. El libro entrelaza sus historias amorosas separadas con los largos e mails que se mandan entre sí, en los que tienen mucho que discutir y compartir.

«Estamos en la última habitación alumbrada antes que obscurezca», afirmó Alice, puesto que «no existe ninguna posibilidad para el planeta, ni para nosotros». Y si bien Eileen está conforme, halla consuelo en lo ordinario. “Quizás nacimos para amar y preocuparnos por las personas que conocemos”, responde. «De hecho, esa es la razón por la cual aliento nuestra supervivencia, pues somos tan estúpidos uno con otro». Alice va a ser tonta con Félix, un tipo probablemente sórdido que conoce en Tinder, y Eileen va a ser impresionantemente tonta con Simon, el amigo de su juventud, que es bello, inalcanzable y, lógicamente, católico.

Los entusiastas del trabajo precedente de Rooney van a apreciar el dolor y la inseguridad de la madurez de sus personajes, su camino con contrariedades sensibles y su brillantez al enseñar las barreras que ponemos entre nosotros y el amor del resto. El último tercio de Beautiful World, Where Are You, cuando los 4 personajes se hallan y se conectan, es un tour de force. El diálogo jamás flojea y la prosa quema la página. Sin embargo, lleva cierto tiempo reunir a estas personas en exactamente la misma habitación, y este movimiento cara la amedrentad se retrasa intencionalmente por la prosa gráfica de Rooney, que se calienta de manera lenta.

Comenzamos la novela sin saber nada, aun el escritor semeja no saber nada, sobre estos humanos. Las acciones se describen con detalle microscópico, las expresiones son bastante difíciles de leer. Las personas no se conectan, «tocan el icono de una aplicación de redes sociales» y sus pantallas tardan múltiples oraciones en cargarse. Una de las secciones de osadía de la primera parte del libro describe, con gran efecto concluyente, el día en que Alice promocionó su libro (o bien «siendo conocida») en Roma mientras que, en su cita, Félix, merodeaba por la urbe con su teléfono. La vida de una persona, la vida de otra persona; ni uno ni otro es valorado, por estas oraciones, más que el otro. Lentamente, esta sensación de distancia se carga eróticamente; la gente habla en voz baja por teléfono, las pantallas están llenas de posibilidades, las palabras conmueven.

Blackwater Beach en el condado de Wexford.Eileen empieza a sentir «la posibilidad de la belleza, como una luz que irradia suavemente detrás del planeta perceptible» … Blackwater Beach en el condado de Wexford. Fotografía: Ian Middleton / Alamy / Alamy

«Sin ninguna razón aparente, apagó la luz y prosiguió conduciendo derecho»: es como leer el final de DeLillo, hasta el momento en que los personajes tienen sexo, entonces es como leer a Rooney en su expresión máxima, con su propia coreografía de mirada y respiración. y una poderosa precisión de lo que va a dónde.

Después de estas opacas interactúes sexuales, los e mails entre Alice y Eileen llegan en un estallido de conversaciones. Las mujeres escriben sobre el colapso de la sociedad y de qué forma su simple vida de consumo es posible merced a la miseria de millones de personas. También están interesados ​​en la bondad personal; en Jesús, como personaje escrito; en la relación entre belleza y simpatía; en los usos de la ficción y el vacío de la celebridad. Alice busca y está decepcionada, Eileen más optimista y también intranquiliza al tiempo. Su contestación a la amenaza existencial no es charlar de nihilismo, sino más bien de empatía, moralidad y amor.

Las 2 mujeres padecieron una pérdida de sentido. Eileen, que se está recobrando de una rotura, hace cierto tiempo que dejó de redactar instantes en su diario: «el planeta me ha llegado plano, como un catálogo de información». Alice, quien logró un enorme contrato con un libro a la edad de veinticinco años, termina de ser liberada de la atención siquiátrica. La fama le trajo una pérdida radical de personalidad. Se ha transformado en algo que deseaba ser y ahora desdeña fuertemente; hallar versiones de sí on line la hace sentir tal y como si ya estuviese fallecida.

Pero las mujeres prosiguen resolviendo las cosas y sus nuevas relaciones íntimas se alumbran. Recientemente, Eileen lo ha vuelto a sentir: «la proximidad, la posibilidad de la belleza, como una luz que irradia suavemente desde detrás del planeta perceptible». Alice recuerda de qué forma redactar una novela la hizo sentir como «Dios había puesto Su mano sobre mi cabeza y me había llenado con el deseo más intenso que he sentido … el deseo de conseguir algo. Que jamás ya antes había existido».

La exposición de la fama, en especial la fama repentina como la de Rooney, es de manera profunda impactante

Después de eso, no hay más e mails y la prosa se alumbra. Cuando las personas se reúnen en una boda familiar, un espíritu cede el paso a otro, se desarrollan historias, se generan comparaciones, ¡aun metáforas! La última una parte de la novela es toda generosidad; los datos personales sencillamente brotan, se realizan conversaciones reales, abundan las ideas. El lector se hallará con todo esto con un grito de gratitud, si bien ciertos pueden preguntarse por qué razón ha tardado tanto.

¿De qué forma continuar 2 novelas brillantemente ovacionadas? Rooney resolvió el problema del éxito escribiendo sobre el problema del éxito. Nunca se sabe de qué forma debemos relacionarnos con Alice, la escritora, que se siente separada de sus orígenes por «un abismo de sofisticación». Puede ser precavida y también intimidante, al tiempo que su indiferencia cara sus finanzas solo puede ser una provocación para las personas que la aman y no tienen ni un centavo en su haber. Alice detesta «el sistema de producción literaria», que les afirma a los escritores que son singulares y los saca de la vida rutinaria. En lo que a ella respecta, las novelas no importan en el esquema general de las cosas, y su lector (solo mienta una) está on line y es extraño. Me hallé deseando que Eileen rechazara con más fuerza, mas la cosmovisión compartida por amigos hace que sea bastante difícil establecer una dialéctica conveniente acá. Mientras tanto, «Nunca se fatigan de retribuirme, ¿verdad?» Alice escribe y, por mi parte, comienzo a meditar que Rooney tira de nuestra cadena. Cuando un escritor de ficción siente que las creencias de los escritores no deberían importar, el auténtico escritor come su pastel y comiéndolo, o bien poniendo en escena las paradojas de las que tanto se mofa su personaje.

La exposición de la fama, en especial la fama repentina como la de Rooney, es de manera profunda sorprendente. Como cualquier trauma, vacía nuestras vidas de significado, cuando menos por un tiempo. Después de eso, siempre y en toda circunstancia queda la esperanza de que un escritor pueda regresar a la complejidad y el placer del trabajo, que el planeta no le haya robado aquello con lo que lo festejamos. Es fantástico ver un regreso de este modo ante ti en la página. Las conclusiones de Alice son fundamentalmente religiosas. Para el lector, cuidar de un personaje de ficción es una forma de practicar el género de “amor desinteresado al que Jesús nos llama”. Para el escritor, una novela es una bendición que no se puede rehusar. Todos hemos de estar encantados de que y su autor hayan encontrado una salida.

Beautiful World, Where Are You es una publicación de Faber (£ dieciseis con noventa y nueve). Para respaldar a Guardian y Observer, adquiera una copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.

Deja un comentario