Index, la historia de una revista de Dennis Duncan: una lectura de la A a la Z deliciosamente legible | Libros de historia

Puede ser una señal de la falta de alegría en la academia moderna, o bien sencillamente una falta de atención a los detalles, mas jamás he prestado mucha atención a los índices de los libros académicos que he publicado. De hecho, el único que creo que comprobé adecuadamente fue un libro editado en el que debí indexar mi capítulo mismo. Pero entonces, el índice es a menudo un punto frágil en las publicaciones académicas. Muchos editores demandan que el creador lo pague mismo o bien que lo dé mismo. En cuanto a mis libros no académicos, creo que jamás le he pedido a los editores que encarguen un índice, a salvedad de un índice de idiomas en el próximo.

Más engañarme. Aunque he utilizado índices para clasificar el contenido de los libros que he utilizado en mi investigación, el índice al final del libro de Dennis Duncan muestra que se pueden degustar como creaciones literarias.

Índice: Una historia de por Dennis Duncan

De hecho, Duncan tiene 2 índices. El primero fue generado por software de computadora, y si bien ha sido muy podado por el creador, su utilidad es limitada. Aunque dirige al lector a menciones potencialmente esenciales de “ABC” y “Fábulas de Esopo”, carece de oraciones y compuestos más complejos, como la discusión del autor del cuento del siglo dieciocho. “Las aventuras de un bloc de notas de papel”. Algunas entradas, como “uy” y “edad”, son demasiado extensas para ser útiles.

Sin embargo, el índice “real” no solo es más útil; Leerlo con ojos entrenados por el libro de Duncan lo transforma en un logro literario por derecho propio. Las ‘a’s por sí mismas nos recuerdan la amplitud de la historia de Duncan, desde’ Alejandro el Grande ‘hasta’ AskJeeves ‘, y de qué forma el libro abre los pilares de la vida literaria que se dan por sentados. La entrada de materia “predisposición alfabética” contiene catorce subentradas esmeradamente seleccionadas; incluyendo temas tan intrigantes como “almacenaje de desplazamiento” y “letra por letra y palabra por palabra”.

Un buen índice de materias cautiva, condensa y cuestiona; es a la vez una puerta de entrada a otros manjares y una creación en sí. Indexar como este implica una extensa capacitación en lectura que lleva años adquirir. Duncan destaca este punto añadiendo una nota: “Este índice fue creado por Paula Clarke Bain, quien es una indexadora profesional y un humano”.

Si bien Duncan efectivamente vuelve a poner al humano en la historia de la indexación, el libro asimismo cuenta la historia de una tensión dentro de la voluntad de indexar. El índice de materias esmeradamente creado es solo un tipo de índice. Existe otro tipo, la “concordancia”, que descompone el texto en sus palabras constitutivas y las reúne de forma ordenada. Como muestra Duncan, desde la temporada medieval, la creación de concordancias de la Biblia y otros textos grandes fue parte de un esmero mayor para hacer que los textos fuesen más aprovechables, para el reverendo ocupado preparando un sermón, por servirnos de un ejemplo, y más eficaces en términos de tiempo. .

Para que la concordancia o bien cualquier otro tipo de índice resulte posible, fue preciso desarrollar toda una serie de andamios. Index, un histoire de la es asimismo una historia del paso de la tablilla de arcilla al rodillo, al manuscrito en hojas sueltas del Codex al libro de tapa dura impresa; el lento “descubrimiento” de la numeración de páginas y otras formas de marcar y hacer referencia al texto. También es la historia de las ansiedades, que se remonta por lo menos a Platón y se extiende a Google y más allí, que la sencillez de acceso a la escritura es oponente de la reflexión y la contemplación profunda.

La era moderna ha visto el índice transformarse en una parte estándar del libro académico, parte de un amplio proyecto para codificar y sistematizar la exuberancia cada vez mayor de conocimiento humano. Sin embargo, los albores de la modernidad asimismo vieron el cenit del índice como una creación literaria lúdica. Duncan examina el arte de los índices de ficción ahora en una gran parte extinto, desde Clarissa de Samuel Richardson hasta Orlando de Virginia Woolf. También revela de qué forma el índice satírico se usó con efecto venenoso como arma en las disputas literarias y políticas de los siglos XVII y XVIII. En el siglo XIX, el político y también historiador Thomas Macauley, recordando de qué forma un poco afortunado precursor whig había sido enfrentado por un indexador taimado y subversivo, exclamó: “¡No dejes que ningún maldito conservador indexe mi historia!” “

Index, a History of the está de manera profunda investigada mas es deliciosamente legible y ayuda al lector a estimar una forma literaria que a menudo se pasa por alto en un instante en que la investigación algorítmica semeja estar convirtiéndola radicalmente. Sin embargo, si bien el libro de Duncan es largo en el tiempo, es estrecho en el espacio. No discute el índice fuera del planeta “occidental” (y desde el principio del periodo moderno, apenas discute nada fuera del planeta de habla inglesa). Ojalá hubiese sabido de qué forma indexar un libro en un sistema de escritura no alfabético como el chino, o bien de qué forma los monasterios tibetanos indexan sus manuscritos. Y conozco el islam y el judaísmo suficientemente bien para saber que la resistencia a la clasificación sistemática de textos prosigue siendo fuerte en ciertas tradiciones que valoran la memorización y el conocimiento textual tan de manera profunda que el índice se vuelve redundante.

A pesar de estas restricciones, Duncan ha hecho un enorme servicio a los lectores y escritores serios al arrastrar el dedo índice cara el sol como algo con un pasado y (con suerte) un futuro. Por mi parte, ya no daré por hecho el índice, ni el trabajo anónimo de quienes los realizan.

El mensaje de Babel: una carta de amor al lenguaje de Keith Kahn-Harris va a ser publicado por Icon el cuatro de noviembre. Index, a History of the: A Bookish Adventure de Dennis Duncan es publicado por Allen Lane (£ veinte). Para respaldar al Guardian y al Observer, pida su copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.