Les Lettres de TS Eliot Volumen 9: revista 1939-1941 – poesía y purgantes | TS Eliot

TS Eliot aguardaba que la poesía le diera «un escape de la personalidad», lo que implicaba la adopción de disfraces arqueados. Comenzó como el tímido J Alfred Prufrock y entonces se vio a sí mismo como un hombre hueco, ofertando «un ademán inmóvil» en el mejor de los casos. Deseó su culpa marital sobre Harry en The Family Reunion, que imagina el homicidio de su esposa. En su picardía, Eliot envidiaba al felino Macavity «supuestamente respetable», cuyo gato nocturno lo transformaba en «un monstruo de degeneración». Sin embargo, el hombre proseguía mirando detrás de la máscara y cuando el busto del retrato de un escultor portugués le dio la quijada de un tiburón y lo hizo parecer «lascivo y rapaz», Eliot sonrió satisfecho.

Fue solo escribiendo cartas comerciales que Eliot continuó inexorable y, de manera frecuente, lamentablemente impersonal. En el noveno volumen de su correspondencia, que ocupa mil páginas por pulgada entre mil novecientos treinta y nueve y mil novecientos cuarenta y uno, oficia en la casa de Faber insinuando fríamente que un versista cuyo manuscrito rechaza comience a «buscar palabras en el diccionario», lamenta no haber podido permitirse admitir la elección al Ateneo, manda una referencia a una exsecretaria para testificar que es «de manera decidida una dama» y se arrodilla frente a un arzobispo como «la más obediente y devota sierva de Vuestra Excelencia».

Con una especie de dandismo invertido, Eliot se ocupa simultáneamente de su ropa, en la que se apoya para volverlo inofensivo. La guerra, pensó, marcaría el inicio de un futuro totalitario cuando «todos estemos de uniforme o bien en el gobierno»; eludiendo tanto el kaki como las rayas, siempre y en toda circunstancia procuró el camuflaje de la uniformidad. Después de conseguir una beca universitaria de Cambridge, le preocupa lograr el vestido, la sobrepelliz y la capucha convenientes. Sus deberes como guardián de ataques aéreos en Kensington vienen con su código de vestimenta: Old Possum, el alter ego que adoptó para sus poemas sobre gatos, dictamina que «se deben emplear máscaras de gas, debajo, no sobre la corbata». En Navidad, se ofrece un traje de primavera en lana Glenurquhart Angola gris azulado. Está particularmente orgulloso de su paraguas, indispensable en el marco del City gent: hecho de caña blanca, tiene un mango de bambú y se refugia con timidez detrás de él en la portada de este volumen.

La neurosis de Eliot lo transformó en versista y parte de su miseria se desliza en las letras

A pesar de su construcción protectora, las inhibiciones continúan. Prufrock pregunta: «¿Me atrevo a comerme un melocotón?» Pero Eliot da un salto gastronómico más radical en el restorán de Chong Chu en el East End, donde los camarones al jengibre tienen un «efecto espiritual singular … en el que la fascinación se mezcla con el terror». Lamentando su poquedad, le confiesa a John Hayward que podría Nunca seas «simple, sensual y apasionado», que era el requisito de carácter poético de Milton. Cuando el primero de los 4 cuartetos vendió doce copias, Eliot concluye sombríamente que su popularidad quiere decir que no puede ser bueno. Como si respondiera por una premonición y Después de una visión póstuma de Andrew Lloyd Webber, suspira que «mi porvenir financiero, o bien shd. Digo joder, semeja depender de los gatos». Foutre es la palabra francesa para «beso»: para Eliot, el dinero no es una mierda, sino más bien esperma, destinado a ser guardado en el banco. «Nunca me he recostado con una mujer que amaba, amaba o bien aun cara la que sentía una fuerte atracción física», confía en Hayward, agradecido de que el cristianismo lo haya transformado en un fraile honorario.

Aunque aparta escrupulosamente «el que padece y el espíritu que crea», la neurosis de Eliot lo transforma en versista y parte de su miseria se cuela en las letras. Escribiendo a su letrado sobre su primera esposa, entonces detenida en un sanatorio, insistió en que «no deseo ver a la Sra. Eliot ahora ni en el futuro»; no obstante, haciendo un inventario de sus joyas, demandó la devolución de un bolsillo de reloj de escarabajo. De lo opuesto, su sufrimiento es eminentemente médico y con amigos próximos hace muecas ante sus ordalías. Argyrol, «concreto de la palmada», se prescribe para su laringe y deja una mácula cobrizo comprometedora en su pañuelo, al tiempo que sus nuevas denticiones le hacen cecear como Winston Churchill.

La psique que crea es menos evidente acá que el cuerpo que evacua. Despertado por las sirenas, el imperativo de Eliot es «tener una buena meada: después estás listo para el Jerry». La escasez de la guerra lo fuerza a guardar Bronco, un papel del váter que suena a equino con un lado sucio y llano y otro absorbente mas abrasivo. Avergonzado por la plomería de la casa imperfecta, describe «el horror de no tener dónde pararse» y asevera, prácticamente haciéndose eco de Prufrock, que «no se atrevió a purgar de noche por miedo a que ‘ella no opere demasiado pronto». Todavía de este modo, teme aguardar un alivio hasta el momento en que llega a su club para comer, cuando podría estar estreñido. Este era, para Eliot, el eterno inconveniente, tanto estético como digestivo: ¿soltar la expresión o bien un confinamiento costoso? Curiosamente, un día siguiente le escribe a Mervyn Peake para decirle que su estilo precisa una «buena purga», insinuando que aún puede estar combatiendo con un inconveniente interno.

Junto a estos inconvenientes de salud, hay basura de otro tipo. Eliot plaisante sur les « coons » avec Ezra Pound, se moque des « simples wops » avant une tournée de conférences en Italie et, après une approche du City College de New York, demande à un copain : « Très juif, n’est- No es ? Hasta acá su noble cruzada para conservar la cultura del fascismo.

Esta edición continua de las cartas ha sido elogiada por su erudición detallada y, de hecho, sus matorrales de notas al pie nos afirman poco a poco más sobre cada vez menos. Al final de esta entrega, Eliot aún tiene veintitres años de vida: al ritmo actual, ¿deberíamos adelantar otros 8 volúmenes del mismo modo costosos? La vida sin una prueba es posible que no merezca la pena vivirla, mas la vida con muchas anotaciones puede ser bastante difícil de vivir.

The Letters of TS Eliot Volumen 9: 1939-1941 es una publicación de Faber & Faber (£ sesenta). Para respaldar a Guardian y Observer, pida su copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos de envío