Monument Maker de David Keenan: una colección experimental | ficción

De la ambición, inteligencia y provocación del enorme Monument Maker de David Keenan, no hay duda. Si la mayor parte de los lectores gozarán de la experiencia es otra cuestión. Debería ser el lector ideal: admiré sus libros precedentes, en especial This Is Memorial Device y For the Good Times. Al igual que sus otras obras, esta novela es efectivamente experimental, rinde homenaje a las vanguardias, presenta ciencia ficción y más que un tanto de teología, y está infestada de acertijos. De alguna forma, sobre todo en su obsesión por la paranoia, el fascismo, la conspiración y la vulneración, puede presentarse como un extenso tributo a Thomas Pynchon.

Está estructurado como una catedral, el lector se mueve a través de libros titulados «Nave», «Crucero», «Ábside» y «Coro». Las últimas páginas son un índice de cada personaje del libro. Es curioso, mira la definición del rey Herodes, «deseaba a Jesús fallecido», o bien «CIA, jamás CIA». La novela está construida con novelas anidadas y es tanto intertextual como metatextual con referencia a las otras novelas de Keenan. Algunos lectores pueden estimar localizar las referencias, otros pueden meditar que se juegan con la grandiosidad del autor.

Se abre con un romance, en el que un narrador anónimo narra su amor de verano con Flower Flower, que se describe en los títulos finales como «una flor, es una flor, es una flor (es)»: un guiño a Gertrude Stein. Este narrador efectúa un recorrido por las catedrales francesas mientras que traduce un libro titulado Espejo de cuerpo entero de un arquitecto técnico y versista obscuro y místico llamado Pierre Melville (otro ademán consciente, Herman Melville es el creador de Pierre: Ou, les ambiguités). El cuento está marcado con la palabra «más duro», que se refiere tanto a las piedras de la catedral como a su colérica vida sexual.

David KeenanAmbicioso … David Keenan. Fotografía: Katherine Anne Rose / The Observer

Pasamos a un relato del lugar de Jartum, con muchas referencias a los túneles secretos y «un libro … que contiene todos y cada uno de los libros». Luego conocemos a Rehberg, “teólogo y soldado de la fortuna” en África, donde conoce a Pierre Melville. Juntos, crean la identidad común de Paimon para publicar una extraña ciencia ficción. El resto del libro entonces cuenta la historia de un hombre que se sometió a un trasplante de semblante merced a excéntricos científicos nazis, una historia corta completa de Paimon sobre el cambio climático y un camino por una sociedad psicogeográfica segrega que estudia el subsuelo. Se habla por los codos de viajes en el tiempo e inclusive se habla más de viajes en el tiempo y premoniciones.

El libro no tiene ornamentos muy elegantes, mas es en sí un ornamento muy elegante extendido. En homenaje a James Joyce, asimismo referido, hallamos oraciones que se extienden por más de diez páginas. Lo que pasa con imitar a Joyce es que debes ser tan bueno como Joyce a fin de que funcione. Hay menciones repetidas de un cubo extraño en los diferentes segmentos, como referencias a una organización llamada SIRK que se manifiesta de diferentes formas como criptozoólogos alemanes, una forma de masonería y una facción prácticamente situacionista de exploradores urbanos. Otro leitmotiv persistente es la decapitación. Hay un sinfín de dobles, divisiones y antisicigias (después de todo, es una novela escocesa). Un tic me llamó la atención; que la palabra «babosear» se emplea con tanta frecuencia. Es tal y como si hubiese preparado un banquete de fragmentos literarios (incluidos Charles Olson, JG Ballard, William Blake, Strindberg y considerablemente más), el creador no puede eludir salivar sobre su trabajo. Hay mucho sexo, desde el depravado polimórfico hasta la sonrisa tímida, mas toda esta acción no tiene ningún impacto en la acción de la novela: estas escenas son insignificantes.

Sin embargo, las partes buenas de este libro, las partes que son más meditación que narración, son verdaderamente buenísimas, así sea que se ocupen de las pirámides o bien de la mortalidad, Chagall, Ouspensky, Bernini, San Anselme, Hans Frank o bien Arthur Rimbaud: tantas presencias fugaces. Hacia el final, hay una fantástica cadencia sobre si los libros sueñan y mudando mientras que no se leen. En general, no obstante, hay demasiada autocomplacencia en Monument Maker. Un personaje dice: “Empecé a sentirme como un enorme escritor, que es el único escritor, el único que ha roto el silencio, el único que se atrevió a sacrificar su vida por el mapeo de esta forma de conciencia. Bueno, asimismo precisas lectores.

Monument Maker es una publicación de White Rabbit (£ veinticinco). Para respaldar a Guardian y Observer, adquiera una copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.

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