Pintar el tiempo de Maylis de Kerangal La crítica: un logro de valentía | Ficción en traducción

Mientras pasea por el enorme backlot del estudio cinematográfico de Roma Cinecittà – “Hollywood on the Tiber” – la heroína de Painting Time de Maylis de Kerangal se sorprende por lo irreales que se ven los decorados de cerca, con la claridad con que están hechos. «Un escenario no debe ser real», explica su guía, «debe ser real».

Hay algo fantásticamente cierto en la ficción de De Kerangal, que entrelaza el dominio técnico con una prosa alada. Investigadora minuciosa, extrae historias enormemente humanas del conocimiento de nichos profesionales: el músculo global de la ingeniería mecánica (El nacimiento de un puente); las bestialidades herméticas de la cirugía de trasplante (Mend the Living, que ganó el premio Wellcome Scientific Book en dos mil diecisiete); las exploraciones de la alta cocina (The Cook). En su nueva novela, Painting Time, traducida por Jessica Moore, la autora francesa vuelve su granulada atención cara el trampantojo y sus artesanos: estos “bambúes de lo real” que pueden evocar el mármol, la madera y los cielos etéreos. De pigmentos y lacas. .

Los pupilos del Instituto Superior de Pintura de Bruselas son disonantes grupo, que van desde pintores de casas sin un centavo hasta hijas rebeldes de aristócratas. El curso de trampantojo de la escuela, inmersivo y también inflexible, los volverá a hacer todos. Para un trío, la amistad de su vida se formará en los agitados meses de octubre de dos mil siete a marzo de dos mil ocho, nacida de noches de insomnio y el inalterable tufo de trementina. Está Kate, una gorila de un club nocturno de Glasgow de seis pies; Jonas misterioso y talentoso; y Paula, la pintora a la que proseguiremos cuando terminen las clases, con su furor sin explotar y la mirada de David Bowie.

Para transformarse en artistas de trampantojo, Paula, Kate y Jonas deben aprender a ver de nuevo. “Ver bajo el techo de cristal del taller de la rue du Métal, bajo los vapores de pintura y disolventes, músculos doloridos y frentes ardientes, no solo significa tener los ojos abiertos al mundo”, escribe De Kerangal; «Ver es dedicarse a la acción pura, crear una imagen … Ver, acá, es otra cosa».

La novela fortalece la reputación de De Kerangal como uno de los constructores de oraciones más talentosos de la ficción moderna.

En el instituto, Paula va a aprender el “paciente trabajo de apropiación”, con sus rigores asesinos. De sus amigos, va a aprender a ser narradora. Porque, ¿qué es una loseta de mármol pulimentado, sino más bien «una porción de tiempo»? Una historia de coral prehistórico, drama tectónico y ansía humana: «Todo lo que ha sucedido desde los albores de los tiempos ha dejado su huella, un palimpsesto». Hacer que el planeta sea natural en la pintura es contar, o bien quizás proseguir, esta vieja historia.

El trabajo de Paula como pintora trampantojo la va a llevar de las villas italianas a los escenarios de las películas de Moscú y, en el excelente acto final del libro, a la cuna del arte. Al contar la historia de cada superficie que pinta, Paula va a contar la suya propia. Cada obra lúcida un recuerdo, envuelve sigilosamente algo formativo de la cortical profunda. Es acá, arguye De Kerangal, en esta íntima colisión de historia, memoria y deseo creativo, donde ocurre el arte.

Painting Time es una celebración de la maestría, que no es más, escribe, «que una destreza para el descalabro, una voluntad de caer y un deseo de iniciar de nuevo». Pero qué estimulante puede ser esta caída, qué estimulante es este deseo. El libro halla la sensualidad en el dominio: la sensación de una nueva habilidad conforme se apodera de su cuerpo, la sensación de una nueva lengua en su lengua. Como ha hecho tan de manera frecuente, De Kerangal muestra que hay poesía en nuestra jerga y también historias engastadas en nuestras herramientas. Una lata de pintura azul cielo cuenta una saga de gemas pulverizadas y riqueza ostentosa de la era del Renacimiento. Una carta de colores de pigmentos se transforma en un encantamiento de amistad: «Paula, desplegando los dedos uno a uno, cuenta la súplica de nombres de colores que todos saben de memoria, enunciando las sílabas tal y como si estallase una a una de las cápsulas de puro .sensación … «

Cápsulas de pura sensación: es una descripción de la que merece la pena hurtar para describir esta novela, que está encadenada cuadro por cuadro precioso. Es una escritura que reta la prisa, que ralentiza la vista. También es una enorme proeza de traducción. Las analogías con la pintura son simples, mas son más que una hipérbole crítica. La novela de De Kerangal sobre el trasplante de corazón invitaba a efectuar comparaciones médicas; su novela sobre la construcción de puentes invitaba a comparaciones de la construcción. “La escritura debe ser como la textura del mundo, tener la forma del mundo”, explicó el autor en una entrevista para su último libro. Como Paula con su caja de pinturas, De Kerangal edifica su historia en cada capa. El hecho de que las resonancias pictóricas de su nueva novela se sientan elementales, en sitio de fáciles, afianza su reputación como uno de los constructores de oraciones más talentosos de la ficción moderna.

Para que el trampantojo sea realmente cautivador, primero debe mentir y después revelarse; solo entonces podemos fascinarnos del engaño. Lo mismo ocurre con la temporada de la pintura; recrearse con el arte de este libro completa la enorme ilusión.

Painting Time de Maylis de Kerangal, traducido por Jessica Moore, es publicado por MacLehose (£ dieciseis con noventa y nueve). Para pedir una copia, vaya a guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.