Poema de la semana: Thames de John Challis | Poesía

Thames

Después de un día de vigilancia de los remolcadores y barcazas para la supresión de basura,
veleros de regata, showboats y cortacéspedes a flote,
el Támesis se vuelve cara adentro para hallar un espacio
para estirarse, en un espacio no más grande que mismo,
y cava en barro y arcilla
donde todo Londres cruza, para meter la nariz bajo la tumba,
luego voltea el pasado como una moneda para mandarlo a flote
sus recursos ahogados: ornamentos anglosajones,
cargas útiles sin detonar, huesos cortados en cubitos y conchas de ostras,
anillos de boda y placas de matrícula, y todos esos
podría haberlo sido si su tiempo hubiese empezado temprano:
sepultureros, muchachos del montículo, hombres encuentro y colectores de berberechos,
granjeros y mercaderes de gong, resurreccionistas
y suicidios; lo tomado, lo perdido, lo dado –
luego se acomoda a soñar de nuevo con sus incipientes corrientes,
las rías y afluentes que lo trajeron hasta acá,
entre los cascos oxidados de años, donde no hay espacio
respirar o bien quedarse dormido.

El título de The Resurrectionists de John Challis menciona a la vieja profesión del hurto de cuerpos, y la compilación trata de todo tipo de exhumaciones y revitalizaciones. En el poema del título, el hablante nos enseña un cadáver, robado para una resurrección experimental, «masturbándose sobre la mesa / en los comienzos de la electricidad» y afirma: / la página mi carreta y mi carga la palabra. El doble significado de «túmulo» es sobresaliente: no es sencillamente un sitio de entierro, sino más bien un puesto de mercado móvil, una de las muchas imágenes que dan vida a un Londres perdido o bien en funcionamiento.

El versista de la carreta ofrece un río entero y un enorme estrépito de actividad en el poema de esta semana. El área de Thames Challis afirma que tenía en psique «el tramo desde Docklands / Canary Wharf hasta London Bridge, el lugar primordial del pasado industrial de Londres». En el mapa, el Támesis vira cara el sur y después cara el norte, tal vez estrechándose un tanto tal y como si, como afirma el poema, «se volviese cara adentro para hallar espacio / expandirse, en un espacio no mayor que «.

Thames the River es algo como un resucitador, que desea «poner su nariz debajo de la tumba», la tumba llena de «todos y cada uno de los Londres», muy elegantes y pobres, viejos y modernos. La lista inteligente hace avanzar el poema, empujándose y empujándose unos a otros con cosas variadas, desde los diferentes navíos que indican clases en las líneas del frente hasta la multitud ricamente disonante de objetos que surgen cuando el río «devuelve el pasado a la vida». una moneda «. En cuanto a «todos esos / podrías haber sido si tu tiempo hubiese empezado temprano», la llamada cobra vida con los nombres de ciertas profesiones menos conocidas, por poner un ejemplo, colectores de tierra nocturna llamados «granjeros de gong» y «hombres encuentro». , un término asociado no solo con personajes de ficción sino más bien asimismo con ingenieros de construcción de túneles reales.

Hay una ola de movimiento de vida, como un avance en la única oración larga del poema, amontonando confusión conforme la lista de exhumados se vuelve menos concreta, tal vez más elegíaca: «los resucitadores / y los suicidas; lo tomado, lo perdido, lo dado ”. Sin embargo, el Támesis busca un sitio para reposar. Pero apenas ha aterrizado para soñar con su pasado, el revoltijo lo rodea de nuevo; está atrapado «entre los cascos herrumbrosos de los años, donde no hay espacio / para respirar o bien acomodarse a dormir». La personificación del río marcha subconscientemente bien pues todo el ritmo y la dicción del poema expresan su fisicalidad, y alén del gusto del herrero, hay una tierna simpatía por la bastante difícil situación del río.