Revisión de Querer cambiar: una visión inspiradora del psicoanálisis | Libros de la empresa

Aquellos a quienes la escritura les resulte una labor rutinaria quizá deseen no estar familiarizados con el procedimiento literario de Adam Phillips. Todos todos los miércoles visita su oficina en Notting Hill. Durante este breve viaje comienza a tomar forma una idea, por norma general relacionada con su trabajo diario (Phillips es un psicoanalista freudiano que se pasa el resto de la semana atendiendo pacientes). Mientras esta noción despierte su interés, cuando se siente en frente de su computadora, se convertirá en su primera oración. Las siguientes horas se dedican a desplegar esta oración en un ensayo, que acostumbra a ser parte de una compilación. En treinta años, esta rutina ha producido prácticamente la misma cantidad de libros, en el estilo aforístico y alegre de Phillips, sobre temas que van desde la monogamia hasta la cordura y la democracia.

La sencillez de la prosa de Phillips está condicionada por su reticencia a «persuadir» a absolutamente nadie, incluido mismo. El autor trata a sus lectores como a sus pacientes, con la meta de provocar y alentar más que de convencer. Sin embargo, si el psicoanálisis – y la literatura psicoanalítica – es un alegato preocupado por el cambio, ¿de qué forma podemos conseguirlo sin discutir, arengar o bien embaucar? ¿Existe un paradigma para mudar a otra persona cuya coerción está completamente ausente? Esa es la pregunta que hace Phillips, con una nota de ansiedad sobre su práctica literaria y terapéutica, en On Wanting to Change. Si hay “algo pernicioso en el deseo de persuadir a la gente; o más bien persuadir a la gente desarmándola de una determinada manera ”, entonces el psicoanálisis ofrece“ una forma de persuasión honesta. O al menos eso es lo que aspira a ser.

«Conversión» es el sinónimo de Phillips de persuasión deshonesta. Una vez convertidos, experimentamos algo parecido a la regresión: impotencia, dependencia, sobre-identificación con un Otro omnisciente. Se evoca nuestro estado primitivo de apego, por lo que la posibilidad de conversión inspira simultáneamente miedo y emoción. No hay nada que deseemos y tememos más que un padre sustituto que nos diga qué pensar.

Exteriormente, el recién convertido puede parecer transformado, vistiendo túnicas color azafrán o tatuajes de Nigel Farage. Pero estos gestos performativos esconden una estasis interior: una sumisión impotente a su deseo incestuoso original. Para Phillips, es nuestra renuencia a reconocer este deseo lo que genera fantasías de autotransformación radical. La conversión parece ofrecer una vía de escape, en la que se puede descartar la base edípica de nuestra identidad. Pero las reinvenciones drásticas a menudo están «al servicio de la sostenibilidad de lo que se supone que debe reemplazarse». Ellos “cambian manteniendo todo igual”.

El psicoanálisis da un antídoto contra esta inercia. Phillips nos recuerda que Freud vio el tratamiento metódico como una “experiencia de conversión resistente”: la paciente trae sus enfrentamientos internos y también instintos prohibidos a la sesión; mas en sitio de transformarlos en algo más aceptable (un sistema de opiniones dogmático, un síntoma anatómico), se anima a encararlos. El deseo ya no se mueve sino se interpreta. Como resultado, el analista y el examinando forjan un diálogo más allí de este marco restrictivo, un diálogo que ya no mira cara atrás a la relación parental, sino más bien cara un futuro abierto.

Con esto, el potencial de un cambio auténtico sustituye la compulsión por transformar. Habiendo enfrentado su deseo, el paciente adquiere la capacidad de reconfigurarlo. Sin embargo, el resultado de este proceso no puede predeterminarse; su curso va a ser sinuoso, desordenado, impredecible. “El deseo de hacer que suceda algo específico excluye cualquier posibilidad de sorpresa”, escribe Phillips. Si los conversos han «limitado sus posibilidades de sorpresa», el trabajo del analista es ampliarlas creando un espacio sin demandas ni esperanzas, donde la charla es ilimitada, improvisada y libre asociativa; donde ninguna de las partes desea dirigir a la otra a un destino fijo.

Es una visión inspiradora de la consultora; mas brotan inconvenientes cuando Phillips lo traduce en filosofía política. Sugiere que “el deseo de hacer que suceda algo específico” es del mismo modo tóxico cuando se lucha por el cambio social, entonces, ¿incluiría como resulta lógico la meta de reducir las emisiones de carbono? Rechaza los principios firmes en favor de la charla abierta y continua, insinuando que el permiso para el abuso infantil, por servirnos de un ejemplo, habría de ser un tema de intercambio crítico inacabable, en sitio de un tema cerrado. El compromiso político apasionado es sencillamente un intento de ‘simplificar’, y ‘los intereses compartidos son formas de cumplimiento voluntario’, lo que sugiere que podemos olvidarnos, por servirnos de un ejemplo, de los trabajadores de almacén de Amazon que procuran mejores condiciones.

A pesar de la inclinación de Phillips por la sorpresa, sus conclusiones repiten, en consecuencia, bromuros liberales —provisionalidad sobre fijeza, charla sobre acción colectiva— que se desintegran al tomar contacto con la realidad. En un libro que encara la amenaza del «dogma» con el deseo de un cambio significativo, es irónico que Phillips regrese de manera continua a estas suposiciones inflexibles. Si sometemos al autor a su argumento, podríamos preguntarnos qué motiva su inversión en este esquema estrecho. ¿Qué complejidades facilita esto? ¿Qué contradicciones evita?

Si el pensamiento de Phillips es menos amoldable de lo que semeja, asimismo vale la pena cuestionar su negativa declarada a persuadir o bien transformar a sus lectores. Tiene razón al decir que un analista debe eludir el didactismo; mas el impulso de convencer de un escritor no implica necesariamente exactamente el mismo abuso de poder. «Persuasión sincera» probablemente significa ser explícito sobre este impulso, en sitio de disfrazar los razonamientos como reflejos impresionistas o bien provocaciones lúdicas.

Sin embargo, cuando uno se aproxima a los razonamientos de Phillips como razonamientos, su percepción es de manera frecuente indiscutible. On Wanting to Change acaba con una coda sobre Covid-diecinueve, especulando que «cuando se nos produce un cambio aciago» podemos ser más capaces de «crear el tipo de cambio que deseamos». El cambio pasivo puede allanar el camino para el cambio activo. Phillips advierte que esta transición no debe planearse rigurosamente o bien «sobreorganizarse» a fin de que no pierda el carácter experimental de la sesión freudiana, una advertencia que expresa su hostilidad instintiva cara la política radical, mas que, sin embargo, los radicales lo harían bien. recomienda tener en consideración.

On Wanting to Change es una publicación de Penguin (£ setecientos noventa y nueve). Para pedir una copia, vaya a guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.