Revista Le Pays des Autres de Leïla Slimani – entre Marruecos y el yunque | Leila Slimani

Es sombrío en el norte, esto es, en el norte de Marruecos. Mathilde, que llegó en mil novecientos cuarenta y seis en un carro de mulas, es una joven novia de Alsacia. Y no se enamoró de un colonialista con traje blanco, sino más bien del apuesto Amine Belhaj, un soldado marroquí destinado en su urbe después de la Liberación. Decidida a sortear los vínculos que la unían a la Francia burguesa, Mathilde apuesta todo por una vida exótica en Meknes. Excepto que no es Meknes, sino más bien una granja a quince millas de la urbe. Y no tanto una granja como una choza sin ventanas con techo de lata en medio de la nada.

Y Mathilde no es la única desilusionada. El único sustento de Amine a lo largo de años de lucha y como presa de guerra fue esta granja, comprada por su padre. Excepto que ahora lo maldice por este parche de matorral seco, apenas capaz de generar malas yerbas, y mucho menos los huertos y campos de trigo con los que sueña. Mientras tanto, su hija mayor, Aïcha, teme su primer día de instituto, y con razón, rechazada tanto por los europeos «jugadores de rayuela» como por los «nativos susurrantes» por su pelo rizado y ropa extraña y casera.

De hecho, todos y cada uno de los personajes de la novela de Leïla Slimani luchan por forjarse una vida en territorio extranjero, todos evolucionando en terrenos -físicos, sicológicos, imaginarios- que han sido conquistados por otros. El hermano menor de Amine, Omar, desea recobrar su país de estos invasores franceses; su hermana, Selma, ansía la libertad que se ofrece a los adolescentes estadounidenses, no las restricciones del islam conservador. Incluso Mathilde y Amine están desconcertadas por las esperanzas de boda de la otra.

Y no, este no es uno de los thrillers mentales rigurosamente enfocados por los que se festeja a Slimani, así sea Adele ofuscada con el sexo o bien la niñera asesina de pequeños de Lullaby. Después de aseverar que deseaba estirarse, meterse en un cuadro más espacioso y redactar una de las sagas del nacimiento a la muerte que a ella misma le encantaba leer, se sumergió en su y colorida historia familiar para esta, la primera de una trilogía. proyecto.

Y el libro resultante es efectivamente tan salvaje y exuberante como un prado de flores silvestres, los personajes y sus historias se vierten al azar sobre la yerba. Pero como hay mil formas de pasear por un prado, tampoco hay un camino claro a través de este libro de múltiples enfoques. Siempre que empiezas a estar abstraído en el problema de una persona, el punto de vista cambia, en ocasiones a un personaje que se desplaza menos de una página.

Será alucinante ver lo que trae la próxima obra, que tiene sitio a finales de los 60

Está Mourad, el asistente de campo de Amine en tiempos de guerra, que llega a la granja, descuidados, con las encías desdentadas y un desquiciado amor por Amine. O bien Dragan Palosi, un ginecólogo local, que sueña con exportar albaricoques y melocotones a su Hungría natal. O bien Mademoiselle Fabré, que vive como una marroquí en la medina, dando consejos que las chicas locales ignoran de manera sistemática.

Con un material tan rico, es una lástima que la investigación de Slimani en ocasiones esté muy desgastada: en frente de una ramera, Mourad recuerda los burdeles para las tropas no blancas, mas asimismo nos afirma de forma intencionada que fueron organizados por «la Oficina de Asuntos. Nativos». . Y, no obstante, en otras ocasiones, la escritura es descuidada, nos afirman que Mathilde ama el cine, «su cuerpo estirado cara los semblantes en Technicolor», cuando terminan de ver una película en blanco y negro.

La vida real es, notoriamente, más extraña que la ficción, y es bastante difícil no sentir que Slimani ha soltado su ojo de escritor preciso y ha caído horriblemente bajo el hechizo de este material fragante mas personal. Los incidentes se incluyen aun si semejan no estar relacionados, al paso que los acontecimientos con verdaderas consecuencias narrativas se ilustran en la próxima anécdota. Será alucinante ver lo que trae la próxima entrega, ambientada a finales de los sesenta, mas uno no puede eludir aguardar que el escritor (como su abuelo labrador) aprenda a separar el trigo de la discordia.

La tierra de otros de Leïla Slimani, traducida por Sam Taylor, es publicada por Faber (£ catorce con noventa y nueve). Para respaldar a Guardian y Observer, pida su copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos de envío

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