Salt Moon de David Harsent y Simon Harsent revisión – visiones nocturnas | Libros

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Tsu libro pertenece a una categoría propia. Esta es una colaboración inusual entre el poeta David Harsent y su hijo fotógrafo Simon: no una colección de poesía en el sentido común de la palabra, sino un sorprendente y hermoso acto doble en la luna sobre el mar. noche. A través de un cristal oscuro vemos el mar, nunca la orilla, en una secuencia de fotografías en blanco y negro. Los fotogramas todavía no lo son. La luna sigue cambiando y la textura del agua también cambia: plumas, pelaje, pintura al óleo. Punteado y amniótico, evoca un ultrasonido y lleva a uno a imaginarse este libro como una especie de nacimiento, de un libro de tapa dura excepcional y elegante.

David Harsent había visto las fotografías años antes de que le llegaran los poemas. No había nada planeado con respecto a la colaboración padre-hijo. Esto explica por qué la poesía no es ni laboriosamente ilustrativa ni artificial. Comienza al final con la frase de apertura: "Esta es la última vista al mar". Lo que sigue es inesperado y poderoso en el sentido de que lo que brevemente promete ser una vista de pájaro atento se convierte en cambio en la conciencia vertiginosa de un pájaro ciego: visión ciega.

Como suele ocurrir en su trabajo, Harsent se siente atraído por la oscuridad. Siempre ha sido un vigilante nocturno (piense en Noche, su colección de 2011).

"Nada más que sueño y deriva, una idea de vuelo de pájaro
todo lo que queda de instinto, sangre fría y fina,
corriente ascendente a la envergadura: tan atrapado que estás volando hacia la oscuridad.

La escritura es monocromática, acorde con las fotografías. El segundo poema está supervisado por una Virgen Negra en el acantilado y Harsent describe cómo "los últimos perdidos se entregan al dolor". El dolor es la respuesta inevitable a un paisaje marino donde el color se ha ido y el sol está ausente. Infunde este doble acto conmovedor. Sin embargo, en manos de David Harsent, la pérdida (otro de sus temas y el título de su colección más reciente) se convierte en una forma de descubrimiento, aunque solo sea al poner las palabras adecuadas para describirlo.

Un impulso por descifrar lo indescifrable significa que nunca dejamos de intentar leer el mar. Harsent es fiel a su ingenio en las fotografías, sin alentar su imaginación a huir o para disfrutar de un espectáculo individual. Pero se permite, como por un juego de manos, traducir, en el tercer poema, el paisaje marino a un interior. Como queda claro, estamos en una habitación en una casa en un acantilado, con una ventana con

"Doce paneles pequeños
que enmarcan doce vistas de una luna salada.

Algunos de estos poemas parecen retablos pero existen en un ala y no en una oración. Un pájaro se convierte en un "crucifijo mudo". No hay escapatoria de la tristeza que acompaña a la belleza en los poemas que describen lo que es estar indefenso en el fin del mundo. Aun así, estoy de acuerdo con Stevie Smith, quien una vez observó cuán perversamente fortalecedor puede ser leer una obra melancólica en tiempos difíciles. Este es el tipo de libro para leer ahora: un tesoro estabilizador.

Luna de sal por David Harsent y Simon Harsent es editado por Guillemot (£ 25)

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