Sebastian Faulks sobre Human Footsteps: “No tenía idea de que me convertiría en un 3% neandertal” | Como escribí

Tenía unos cincuenta años cuando escribí Human Traces o bien “The Footsteps on Mount Low”, como se llamaba originalmente. Fue lanzado en dos mil cinco. En retrospectiva, semeja ser el libro de alguien que, a mitad de su vida, se detiene a hacer cómputo y confrontar lo que cree que es su Waterloo. Puede percibir la respiración y la flexión de los músculos en las primeras páginas. ¿Si no es ahora, cuando?

La pregunta que la novela procuró contestar fue simplemente: ¿qué somos? ¿Qué tipo de criatura? Tan ocurrente, mas tan inestable. Maestros del planeta, mas separados de sus demás habitantes por nuestra posesión del don, o bien la maldición, de la conciencia. Eternos asilados de un Edén perdido, uno de cada 100 padece desvaríos graves.

Cualquiera puede hacer estas preguntas, leer libros y meditar en . La labor del prosista es engastar ideas en personas vivas, en personajes cuyo enfrentamiento y decepción es algo con lo que el lector puede implicarse. Para iniciar, fue bastante simple. Al situarlo a fines del siglo XIX y tener a 2 siquiatras como personajes primordiales, pude dramatizar los enfoques opuestos a el interrogante. Los intereses de Thomas residen en la base biológica de la insensatez, en sus causas neuronales, su heredabilidad y lo que esto nos afirma sobre la naturaleza de la especie y su evolución. Jacques, cuya capacitación está en París, está más interesado en charlar de curas y también procura, desesperadamente, darles respetabilidad médica y peso.

La busca de todo esto fue estimulante. Me llevó al Hospital Salpêtrière en París, Austria, California y áreas recónditas del Serengeti. En Pasadena, mi esposa y subimos al monte Lowe para inspeccionar las ruinas de un tren de montaña establecido como parte de una atracción turística errada en mil ochocientos noventa y tres. El monte Lowe, con su nombre graciosamente paradójico, debe haber sido un símbolo de las aspiraciones condenadas de mi protagonistas. en sus intentos por desentrañar el misterio de nuestra especie.

De vuelta en Inglaterra, visité lo que alguna vez fueron asilos del condado, construidos sobre una ola de optimismo victoriano. Llegué demasiado tarde, los centros de salud terminaban de cerrar y sus pacientes pudieron participar en el optimista programa de “atención comunitaria”. Pero todavía puedes hacerte una idea de estos lugares y su escala. En el norte de Londres, el Hospital Friern, previamente Colney Hatch, tenía un corredor primordial de un tercio de milla de largo. Frente a la costa había abierto muchas puertas cerradas. El asilo había abierto los brazos a los enfermos mentales, mas no podía ofrecerles cura. Lo único que pudo conseguir fue una clasificación aproximada, en una gran parte basada en qué sumisos eran los pacientes. Se transformó en un vertedero de personas que los pueblos y aldeas no podían manejar; entonces, como muchas instituciones, era independiente. Un médico que trabajó en Friern en sus últimos días me afirmó que 2 tercios de sus pacientes nacieron allá.

Broadmoor Hospital en Berkshire, donde Sebastian Fauks realizó algunas de sus investigaciones sobre la mente humanaBroadmoor Hospital en Berkshire, donde Sebastian Faulks efectuó ciertas de sus investigaciones sobre la psique humana Fotografía: Paul Doyle / Alamy

He entrevistado a muchos médicos y he visto horas de vídeos de consultas con pacientes esquizofrénicos. Visité a una paciente que raras veces padecía desvaríos graves, incluyendo el percibir voces fuertes, mas en tiempos mejores, con la ayuda de la medicación, tenía una visión clara de su condición. Me dio un Sony Walkman para que me pusiese mientras que hacíamos un juego de papeles, en el que tenía que entrevistarme para un trabajo. Las voces que salían de mis auriculares por último se volvieron demasiado fuertes para que me concentrase. No recordaba quién era el primer ministro. Los arranqué y retorné. “Es de esta manera”, dijo; “¿Y te das cuenta de que leías mis labios?” “Tal vez”, afirmé, “mas eso es pues no pude oírte”. “Es de esta manera”, repitió. En ese instante, comprendí que los pacientes esquizofrénicos no “creen” que escuchan voces; los escuchan.

Se me sugirió que, aunque la mayor parte de los asilos del condado se habían transformado en “desarrollos residenciales de lujo” y sus cuartos traseros en spas y salas de fitness, aún había uno que funcionaba: Broadmoor. Así que un día conduje hasta Crowthorne en East Berkshire para localizarme con la Dra. Gwen Adshead, quien afirmó que me mostraría los aledaños y respondería preguntas si daba una clase de escritura creativa. Estaba un poco deseoso, mas la seguridad era rigurosa y la clase fue bien. Mencioné un poema de Thom Gunn titulado “Considerando al caracol”.

Desde mi visita, Broadmoor se ha vuelto reservada para los hombres, y los pacientes con trastornos de la personalidad ya no reciben tratamiento allá, sino más bien en las alas del centro de salud de las cárceles. Muchas otras cosas han alterado desde que escribí Human Traces. En dos mil tres, por poner un ejemplo, no sabíamos que el Homo sapiens se había cruzado con otras especies humanas. No tenía idea de que mismo me convertiría en un tres% neandertal.

Siempre he querido regresar a este territorio, y Snow Country, mi nueva novela, vuelve a visitar el sanatorio que Thomas y Jacques instalaron en el auge de la esperanza. La gran pregunta prosigue sin respuesta; mas ahora estamos en mil novecientos treinta y cuatro y el planeta se encara a nuevos retos. Hay nuevos personajes y diferentes historias que contar.

Snow Country de Sebastian Faulks es una publicación de Hutchinson Heinemann (£ veinte). Para respaldar a Guardian y Observer, adquiera una copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.