Una revisión de Calling for Charlie Barnes: la tragicomedia del sueño americano | ficción

” Hay que prestar atención. La línea histórica de Death of a Salesman de Arthur Miller, la angustiada advertencia de Linda Loman de que el sufrimiento de su esposo merece la dignidad de ser apreciado, semeja ser un apartado invisible de la cuarta novela tragicómica de Joshua Ferris. El titular Charlie Barnes es, como Willy Loman, lo que el último presidente de Estados Unidos habría identificado como un perdedor; un hombre en decadencia que persiguió el llamado Sueño Americano y acabó ahogándose con los gases de escape. Cuando lo conocemos, es dos mil ocho y está en su “casa gastadas y fatigada” en un suburbio poco cautivador de Chicago. Le han diagnosticado cáncer de páncreas y piensa que solo le quedan unas poquitas semanas de vida. Emocionado, a su forma subconsciente, por la ocasión de solicitar a el resto que se compadezcan de tanto como se compadece de sí mismo, llama a viejos asociados comerciales a fin de que se froten la cara con su diagnóstico y llamen a su alcurnia desperdigada de pequeños medio distantes demandando su visita. Luego descubre que por último no tiene cáncer de páncreas. Ni siquiera puede hacer su último acto.

    Una llamada para Charlie Barnes

A diferencia de Willy Loman, Charlie – sarcásticamente apodado “Steady Boy” – es una criatura de la era empresarial; no un esclavo asalariado desde hace bastante tiempo, sino más bien alguien que se ha endeudado para perseguir quimera tras quimera. Espera revolucionar la administración de activos para las personas mayores y se declara en quiebra. Había un herbicida patentado llamado “Endopalm-T”, cuya genial toxicidad no se limitaba a su efecto sobre las plantas; una franquicia de entretenimiento destinada al fracaso llamada “Clown In Your Town”; un Frisbee novedoso en forma de peluquín volador llamado “Doolander”, que no aterrizó con el público.

Había pasado la mitad de su vida planificando el próximo gran negocio. Nunca funcionó. Steady Boy, de hecho, no ha tenido inconvenientes para sostener un trabajo. Simplemente jamás deseó ser un estúpido, un idiota o bien un nivel medio de esto o bien aquello. Como todos los otros, aguardaba cometer un asesinato, transformarse en un nombre familiar, vivir por siempre. Ahora, no lo haría ahora. Fue un trato hecho.

Tenemos que dejar de llamarlo Steady Boy.

Sin embargo, en todos estos patrones no solo había algo ególatra o bien adquisitivo, sino más bien un hilo de utopia. El Doolander se inspiró en la alegría de un accidente espontáneo de peluquín “poco después de la segunda toma de posesión de Nixon”; en servicios financieros, deseaba lucrarse ofertando al usuario un trato más equitativo. Pero su decepción personal se ha transformado a lo largo de los años en indignación ética. Conforme la crisis financiera en curso expone la prosecución y el fraude de Wall Street, queja contra la decadencia de todo el sistema. No es una novela claramente política, o bien una novela sobre el estado de la nación, es un tema de familia, mas la historia es su música de fondo.

Ahora acá está Charlie, más allí de la era de los nuevos inicios, viviendo en Palookaville con su sótano atestado de bultos de material de marketing para empresas fallecidas hace bastante tiempo. Su vida personal asimismo es un desastre. Su carrera ha sido moldeada no solo por el vano sueño del éxito de costa a costa, sino más bien asimismo por, cuando menos en su juventud, una naturaleza romántica y una libido incontrolable. Su quinto matrimonio es feliz. Su esposa, Barbara, se dedica a él; mas sus hijos de matrimonios precedentes la detestan (o bien, cuando menos, trasfieren su enfurezco contra él en menosprecio por ella) y es impotente para reunirlos.

Lo que le da a esta novela su singular ternura y pareja -y después brinda una serie de sorpresas metaficcionales para tirar de la alfombra- es su encuadre. Leemos lo que nos afirman (Enviando todo tipo de banderas rojas) es el relato de la vida ‘estrictamente fáctico’ de Charlie, contado por su hijo menor, Jake, un prosista superventas que se vanagloria de quedarse con Ian McEwan en los Cotswolds. Como apunta Jake, su padre jamás vio el sentido de su carrera escribiendo ficción; no obstante, las técnicas de la ficción son omnipresentes en la forma en que Charlie Barnes moldeó su vida.

Jake adora a su padre: lo ve meridianamente con sus defectos y también idiosincrasias, o bien semeja hacerlo, mas lo adora de todos modos. Charlie puede ser un farsante, un estúpido, un marido infiel y un fracasado, mas es un humano aceptable. Esta novela es divertida: Ferris tiene una buena sincronización cómica y un enorme medio con la pura tontería de la basura mental y física de una familia, y muy emocionante. En ocasiones se inclina cara el sentimentalismo absoluto, solo a fin de que surja como parte del diseño del libro; una debilidad no de Ferris sino más bien de Jake Barnes. Es la historia de un idealista desilusionado contada por otro, un narrador poco fiable descrito por otro, y está impulsado por el amor filial. Se presta atención.

A Calling for Charlie Barnes es una publicación de Viking (£ dieciseis con noventa y nueve). Para respaldar a Guardian y Observer, adquiera una copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.