What Strange Paradise de Omar El Akkad – Desperate Journeys | ficción

“¡Yallah, yallah! «Las palabras son árabes:» ¡Vamos! Según el narrador de la segunda novela de Omar El Akkad, nacido en El Cairo y criado en Doha, What Strange Paradise, su mismo sonido transmite ajetreo y bullicio. Pueden entenderse universalmente. “Siguiendo sus oraciones de bienvenida e introductorias”, afirma, “la primera exportación lingüística de cada cultura debería ser la directiva Let’s Go”. Amir Utu, de 8 años, hace esto. Como muchos de sus compañeros sirios, escapa de su obscura patria y se traslada de Homs a Damasco, a través de Jordania, a Alejandría en Egipto. Luego, una noche, prosigue taimadamente a su tío a bordo de un navío desvencijado y se une a cientos de miserables extraños que procuran cruzar el Mediterráneo.

Vamos. Es más simple decirlo que hacerlo. Especialmente cuando hay tantas otras personas, pobres, de piel obscura, agobiadas, resueltas a hacer exactamente el mismo viaje. Uno de , probablemente en la psique de El Akkad, era el sirio Alan Kurdi, de 3 años, cuya fotografía del cuerpo sin vida lanzado en una playa turca fue nueva en el mundo entero en dos mil quince. El navío de Amir, dirigido por 2 etiopes que jamás han tierra descuidada ya antes, embarrancó en la ribera de una isla griega. Su cuerpo es lavado y se alardea que ha muerto. Como Lázaro, se levanta y corre cara un matorral. Allí halla a una adolescente, Vänna. Es hija de deportados cuyo sueño de crear una casa de huéspedes fracasó a lo largo de la crisis financiera de la década de dos mil.

Aunque obscuro, aun negro, What Strange Paradise es asimismo una fábula de manera profunda humanista. Aquí hay 2 jóvenes, hablando diferentes idiomas, improvisando una camaradería cruda y lista. Vänna desea asistir al pequeño y eso la transforma en una delincuente al máximo. Alienantes y a la deriva, un paso por delante de los policías que los persiguen, dependen de la bondad o bien indiferencia de extraños para alimentarse. Sus aventuras están contadas en prosa precisa y finamente observada. Los episodios «Después» se alternan con los dedicados a la vida preeuropea de Amir «Antes».

Gran una parte del libro se desarrolla entre Europa y Oriente Medio. Las viñetas de la vida marina de El Akkad tienen una textura singular. Los migrantes a bordo del navío de pesca son multilingües. Discuten por la política, la justicia, lo que pueden aguardar hallar si pueden hallar cobijo. Algunos están apegados a su identidad religiosa; otros, en especial las mujeres que convierten sus hiyab en pañuelos en la cabeza, se deshacen de . Roncan y se ríen, repiten historias que pretenden contar a los funcionarios de inmigración, bailan el vientre y cantan al ritmo del vocalista Amr Diab que alguien juega en un teléfono celular. A través de la bruma y la niebla, las tormentas y el sol ardiente, efectúan pequeños actos de bondad y egoísmo de perros come perros.

La actuación en sí es uno de los motivos clave de la novela. Los migrantes potenciales se ven forzados a fabricarse y fabricarse a sí mismos, a pretender ser individuos que no lo son. Los políticos nacionalistas soplan y soplan como villanos de pantomima. Casi todo el planeta semeja negar la magnitud del inconveniente, o bien meditar que se puede abordar sin abordar asimismo las viejas fallas ambientales y económicas. Incluso el naufragio que empieza la novela se transforma en un espectáculo de éxito, puesto que la policía procura resguardar a los residentes del horror. «De esta forma, la destrucción adquiere un aire de inquietante irrealidad, un sanguinolento juego de movimientos, un cuento de hadas del revés».

Depende de Mohamed, un practicante de contrabandista, decirle a sus clientes-pasajeros lo que no desean percibir. Acusado de no ser más que un estafador del mercado negro, responde: «Espera y mira de qué forma te tratan estos occidentales dignos y civilizados … ¿Crees que el mercado negro es malo?» Hermano, espera a ver el mercado blanco. Hay instantes en los que What Strange Paradise se semeja al registro existencial más obscuro. “Los dos tipos de personas en este mundo no son ni buenos ni malos, son motores y combustible”, afirma Mohamed. «Adelante, cambia de país, cambia de nombre, cambia de acento … siempre y en todo momento, siempre y en todo momento vas a ser el comburente».

En escenas como esta, El Akkad, un premiado reportero que cubrió la Primavera Árabe y los juicios militares en la Bahía de Guantánamo, y cuya primera ficción, The dos mil diecisiete American Speculative War, trató sobre la urgencia climática, da la ‘impresión de estimar redactar una novela bastante diferente, cuyo arco narrativo no está tan de manera estrecha ligado a protagonistas tan jóvenes y psicológicamente esquivos. Otra figura sobresaliente, un coronel con una sola pierna que persigue tercamente a Amir, está bastante mal cocinada.

Sin embargo, existen muchos pasajes en What Strange Paradise que sorprenden y son bastante difíciles de olvidar. Vänna recuerda a los pequeños locales corriendo por campos de flores, el sonido de sus pétalos embrutecidos explotando para diseminar las semillas «como petardos reventando». La sosegada ensoñación de la pequeña mientras que contempla las fisuras y los defectos en la casa de sus progenitores, su lenta erosión es una profecía de otras cosas que se desmoronan: urbes, costas, sistemas climáticos, sociedades enteras. Realmente es un libro oportuno que no es confortante.

What Strange Paradise es una publicación de Picador (£ catorce con noventa y nueve). Para respaldar a Guardian y Observer, adquiera una copia en guardianbookshop.com. Pueden aplicarse cargos por envío.